KÜNSTLICHE LIEBE
BY: PANDORA JR.
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PROLOGO. "Hurricanes and suns" (parte 1 y 2)
La cámara estaba en "grabar". Aquel hombre la sujetaba con firmeza, apuntando a la joven mujer que tenía enfrente. Por aquellos días, estaban grabando los últimos videos que podían, ya que la mujer tenía más de 7 meses de embarazo y pronto daría a luz.
Ambos habían estado muy entusiasmados con grabarlo todo para que después sus hijos pudieran presenciar lo que había sucedido antes de su nacimiento.
Básicamente se la habían pasado grabando cosas como cuando decidieron de qué color iba a ser su habitación, cuando aun tenía 3 meses y no sabían si iba a ser niño o niña. La sorpresa de cuando les dijeron que no solo iba a ser un varón, si no dos, dejo shockeados a ambos, pero de inmediato acrecentaron su entusiasmo y comenzaron a buscarle nombres a sus hijos.
Hoy, Jörg grababa a Simone probándose ropa nueva de embarazo. Ropa que habían ido a comprar hace un par de horas, y que según el hombre hacia lucir "sexy" a su mujer.
-Quita el dedo de la cámara Jörg- refunfuñaba la mujer.
Su voz se oía en la grabación, pero su rostro no se veía a causa del estorbo.
-Lo siento- se escucho en el fondo, y el dedo que empañaba aquel lente se quito de en medio.
Simone quedo frente a esta, y en cuanto cayó en la cuenta, comenzó a sonreír y poner poses de modelaje frente a dicha cámara.
-Así que conocerán a su guapa madre en su faceta "mamá modelo"- se escucho la voz del hombre que provenía del lado opuesto de la imagen, sosteniendo la cámara.
Simone saludo coqueta a la cámara, guiñando un ojo, jugueteando.
-¿Que les parece?- hablaba dirigiéndose a la cámara Jörg- Lindísima ¿no creen? Ella es su mamá, que me tiene loco.
-¡Jörg!- sonrió la rubia, haciéndose la molesta- los vas a incomodar cuando vean los videos, no seas tan meloso cariño- regaño al hombre en un tono de fingida reprobación.
Por supuesto, aquello también le divertía a ella y al final se hecho a reír junto con su pareja.
Jörg y Simone eran una pareja aparentemente feliz. Llevaban no mas de 2 años de casados y se habían mudado hace 10 meses a su nueva casa que habían comprado con los ahorros de toda su vida.
Eran felices en lo que cavia, pero con respecto a la economía no les iba muy bien.
La casa era modesta, nada de lujos, y había sido una inversión más bien necesaria, ya que pronto formarían una familia. Pero la realidad era que Jörg no ganaba mas de 3mil euros al mes, lo cual le había servido para ganarse la vida cuando estaba solo, y también le había ayudado cuando decidió empezar a salir con Simone. Pero una familia era algo bastante mayor, y considerando aun que se trataba de dos nuevos miembros y no solo uno.
La situación tenía al hombre muy tenso, pero trataba de estar tranquilo para no preocupar a Simone, que en su ingenuidad creía que Jörg realmente podría mantenerlos a todos.
La realidad era mucho más cruel, pero dentro de su burbuja de amor nada les podía afectar... Aun.
Terminaron el video, que duro alrededor de dos horas y media. Después de desfilar toda la ropa que se habían dado el lujo de comprar para des estresarse un rato, habían preparado la comida y puesto música clásica para que los niños aun en el vientre de su madre la escucharan, como según habían oído era algo bueno para los bebés.
Llevaban ya un montón de videos, aproximadamente 3 por cada mes desde que les dieron la noticia de que Simone estaba embarazada.
La cámara la prendieron ya en la noche, de nuevo.
Esta vez Jörg la sostenía con el lente apuntando hacia el, mientras acomodaba el visor. Una vez lista, la dirigió hacia la cama, donde Simone se encontraba recostada con los ojos cerrados y las manos entrelazadas sobre su pansa. Las lámparas de la habitación eran lo único que alumbraba el lugar. Aquel ambiente era de tranquilidad total, cálida y familiar.
-Me encantaría ver ya a nuestros hijos aquí acostados junto a ti, durmiendo- susurro el hombre que se acercaba un poco mas con la cámara en manos, al parecer subiendo a la cama.
-Uno de cada lado ¿no?- sonrió la mujer sin abrir los ojos.
-Claro, como tus cachorritos- se burlo el hombre en tono juguetón.
-Tonto- lanzo un manotazo al hombre quien contesto con una risa que se escucho al fondo de la toma- más bien, uno conmigo y el otro contigo.
-Sera encantador- murmuro Jörg.
Una de sus manos acaricio el vientre de la mujer cariñosamente. Luego, este se situó al lado de la rubia y dirigió la cámara desde arriba hacia ambos. Simone acomodo su cabeza en el hombro de su pareja y siguió con los ojos serrados, relajada y con una pequeña sonrisa grabada en su rostro.
-Esta es su familia hijos- se dirigió Jörg a la cámara- su mami que los espera con mucho amor para ustedes. Los amamos mucho y siempre lo amaremos. Son nuestra razón de vida.
Simone curveo más sus labios y suspiro con felicidad. Pensaba que su vida no podía ser mejor, y agradecía a Dios por las bendiciones que la había dado.
Abrió tenuemente los ojos para mirar a su marido, quien capto su mirada y se la devolvió. Ella le sonrió y movió sus labios, expresando un "te amo" silencioso. Jörg leyó aquellas palabras de su boca y le devolvió la sonrisa, para después depositar un cálido beso en sus labios.
Después de estar un rato mas abrazados sobre la cama, hablándole a la cámara en referencia a sus hijos, finalmente la apagaron y se quedaron dormidos. Aquella noche soñarían con un prometedor futuro, con la vida familiar y todo lo que les venia en camino. Sus sueños eran prometedores y entonces no podían ser más felices.
~*~
Dos semanas después, Simone se encontraba en una camilla de ambulancia, en la sala de urgencias del hospital general de Hamburgo. Inhalaba y exhalaba ruidosamente y gemía de vez en cuando. Jörg sostenía su mano, con un rostro preocupado y desesperado.
Aquello no marchaba de acuerdo al plan. Para empezar, Simone llevaba 27 semanas y media de embarazo, lo que significaba que aun faltaban mas de 4 semanas para que empezara la labor de parto. No tendría entonces porque estar allí aun. Además de eso, llevaban más de cinco horas esperando al doctor, y la joven mujer estaba cada vez peor. Eran las desventajas de los pobres, que no tenían para pagar un doctor particular, y tenían que esperar lo que se les antojara a los muy mamones.
El hombre estaba desesperado y pedía atención a todo el que pasaba junto a el, ya fuera un simple enfermero o un doctor de otra área. Sudaba frio y los quejidos dolorosos de su mujer no lo ayudaban a tranquilizarse.
-Respira hondo, amor- trataba de calmarla- aguanta un poco más, ya pronto viene el doctor.
-Ahhhh... Jörg, no puedo mas, ¡Dios, ya no aguanto mas!- gritaba desesperadamente esta.
Jörg miraba en todas direcciones, esperando un milagro para que alguien les auxiliara.
Si, era negligente el trato que les estaban dando, pero ¿Qué podía hacer en esos momentos?
En un momento dado, apareció en el pasillo un hombre de bata blanca y barba corta que se acerco apresuradamente a la pareja.
-¿Es usted Simone Trümper?- pregunto con apresuro el doctor.
-Si, es ella- respondió en su lugar Jörg- esta en trabajo de parto. Pero doctor, no se supone que aun tendría que pasar esto.
-¿Cuantas semanas tiene?
-Veintisiete.
-Ya veo- frunció el ceño- parece que tendremos un parto prematuro. Es mejor que empecemos de inmediato antes de que se complique.
Una joven enfermera se situaba a un lado del doctor, acariciando la cabeza de la mujer para tratar de calmarla un poco.
-¿Cuánto tiempo lleva en ese estado?
-Llevamos esperando cinco horas- contesto casi histérico el hombre.
-¿Cinco horas?- se escandalizo el doctor- pero por Dios, tenemos que movernos ¡pero ya!
Y dicho esto, ordeno a la enfermera que empujara la camilla de la mujer hacia la sala de cirugía. Las salas estaban ocupadas, y al parecer no tenían tiempo de esperar a que se desalojaran.
Por cuestión de seguridad, le impidieron pasar a Jörg, quien tuvo que esperar afuera, con el corazón ya prácticamente en la mano.
Antes de que se llevaran a Simone le dijo algo como un "¡Todo estará bien amor! ¡Te amo!" Después de esto, la perdió de vista detrás de unas grandes puertas blancas con ventanillas borrascosas.
El doctor por su parte se encontraba más que preocupado. Cinco horas desde que se había roto la fuente, no era algo bueno, además de que se trataba de un parto prematuro. La cosa no se veía muy bien, y no podía esperar más que un par de horas de tensión.
Se dispuso a trabajar con su equipo que se encontraba ya listo para ayudarle. Simone gritaba escandalosamente, ahogando sus gemidos que salían en forma de gruñidos, entre la mala leche que se traía ya y el dolor asfixiante que estaba soportando desde hace mucho.
Los minutos comenzaron a correr, y desde el pasillo solo se oían los gritos de Simone, que alteraban cada vez mas a Jörg, que caminaba en círculos en aquel extenso pasillo con olor a medicamentos.
Los minutos se convirtieron en horas. Habían llegado a las doce del día y de las cinco que habían finalmente atendido a la pobre mujer, el parto se estaba alargando hasta las ocho de la noche. Y Jörg tenía ya el corazón en el piso y la sangre fría como hielo.
Dentro del quirófano, habían sacado con éxito al primer bebé, que obviamente había tenido problemas para respirar aunque finalmente todo había salido bien, pero el hecho era que estaba prematuro y eso en si no era algo bueno. Las dificultades comenzaron cuando trataron de sacar al otro niño. Este al parecer no se movía, por lo que los feroces pujidos de la mujer no eran suficientes para sacarlo del vientre de su madre. El doctor estaba comenzando a ponerse nervioso, aunque trataba de mantenerse firme para no asustar a nadie, pero el hecho era que el parte se estaba volviendo imposible.
Tras varios intentos de extraer a la criatura de forma natural, su cabecita finalmente se comenzaba a asomar. Lo que el doctor pudo notar lo dejo helado de pies a cabeza. El niño no se movía en lo absoluto, y esto apenas lo pudo notar porque efectivamente, era simplemente imposible sacarlo si el no se movía por si mismo. Y en el acto, resultaba que la criatura estaba completamente flácida, cosa innatural.
El doctor sabía lo que ocurría. Tuvo que actuar inmediatamente.
-Preparen bisturí- ordeno con la voz mas firme que pudo dar- tendremos que sacarlo en cesárea.
-Pero doctor... ¿Por qué?
-... No estoy seguro de que el niño este vivo, pero de cualquier forma, no podremos sacarlo de este modo, y solo retardaremos mas el parto.
La cosa era que llevaban más de una hora tratando de sacar a este último. Simone se encontraba casi inconsciente ya, estaba dando todo lo que podía, pero ahora se encontraba sumamente agotada.
Sin embargo, aquello último le había devuelto a la vida, de la forma más brusca posible.
-¿Como que no esta vivo?- hablo en un murmullo casi inaudible. Le pesaba incluso hablar ahora.
-Relájese señora- dijo una de las enfermeras, ignorándola por completo- vamos a proceder a realizarle una cesaría.
-No... Mi hijo- comenzó a pronunciar en tono más audible- ¡¿mi hijo esta muerto?!... No, mi hijo no, por favor ¡Doctor, por amor a Dios! ¡Sálvelo!
La voz de Simone se había vuelto gritos desesperados, y sus ojos comenzaron a inundarse de lágrimas.
El doctor se encontraba en una situación muy incomoda. Que mas quisiera el... Pero él no tenía control de eso.
Prosiguieron con la cesaría, anestesiando un poco demás a la mujer para que se calmara. Y las horas siguieron avanzando, y con cada segundo que marcaba el reloj, las cosas se ponían aun peor.
Dentro del quirófano, todo el equipo estaba en movimiento, tratando de salvar una vida que tal vez ya no podía ser salvada.
Afuera de este, un padre inquieto se estaba muriendo prácticamente de los nervios. No solo por el parto que se estaba realizando, pues en su ingenuidad, trataba de pensar que todo iba bien.
Existía otra preocupación que pronto se haría notoria. No tenía para pagar el hospital y lo sabia, lo que había ahorrado en estos ocho meses no era mucho, y al parecer no había previsto los gastos extras que seguramente se necesitarían.
Pero no era muy su culpa, era pobre y aunque había buscado por todos los medios mas dinero, no lo había conseguido, y esperaba que su jefe le adelantara cuatro meses de sueldo (esto significaba, cuatro meses sin paga) la próxima quincena, pero esto había sido antes de lo previsto, y conociendo a su avaro jefe, no podía esperar compasión de él.
¿Qué hacer ahora? Rezar por un milagro, no importa si venia de Dios, o del mismo diablo.
Jörg necesitaba un milagro.
~*~
Dieron alrededor de las diez de la noche, cuando finalmente aquella sala se encontraba en silencio. Simone se había quedado dormida después de los sedantes que le habían obligado tomarse. La razón: después de que habían sacado al bebé muerto de su vientre, no la pudieron controlar más que con eso.
El doctor se limpiaba las manos con un trapo. Estaba del otro lado del quirófano y fruncía el ceño con evidente frustración. Odiaba cuando pasaban cosas como esas, no soportaba ver a una criatura tan indefensa morir de esa forma, sin haber visto siquiera la luz del día. Odiaba tener que darles esas noticias a los padres y mirarles retorcerse de pena y dolor por la perdida. Era devastador, para él, era el castigo más grande del mundo.
Una enfermera entro a los cuneros con el bebé que había sobrevivido en brazos. Si, estaba vivo, pero eso no significaba que el peligro para él no
Existiera, este aun podía morir también si no se le atendía.
Jörg se encontraba frente al vidrio, esperando con emoción la llegada a los cuneros de dos hermosos recién nacidos, igualitos en todas facciones, que distinguiría en seguida como sus hijos. Tal vez aquello le quitara la preocupación que tenia, tal vez con eso podría fortalecerse de nuevo y no perder esperanzas. Sin embargo, en el momento que vio entrar a aquella muchacha con un solo niño en brazos y depositarlo en uno de los cuneros, frunció el ceño, sin entender nada.
La joven salió de allí, y Jörg se dirigió a la puerta, esperándola para preguntarle.
-Disculpe señorita- le llamo el hombre cuando esta hubo salido del lugar- ¿No han traído aun a los recién nacidos de la señora Trümper?
-¿La mujer de emergencias? Si, acabo de dejarlo en el cunero numero 23.
-... Pero, son dos niños, son gemelos.
-Discúlpeme señor, a mi solo me han entregado un niño. Pregúntele al doctor Wolfgang directamente.
-... Ok, muchas gracias.
La muchacha sonrió amablemente y se marcho. Jörg se quedo tieso en su lugar, sin entender que acababa de suceder. A que venia esto... Dios, necesitaba hablar con el doctor pero ya.
En ese momento salió con semblante sombrío el doctor que había atendido a Simone, y se poso justo frente a Jörg, quien le miro aun expectante y congelado en su lugar.
-Doctor...- pronuncio con dificultad-... ¿Donde están mis hijos?
El doctor Wolfgang suspiro ruidosamente. Sabia que tenia que decírselo, pero que difícil era dar ese tipo de noticias.
-Señor, como usted sabe, su mujer no estaba en el mejor estado. Tuvo un parto prematuro y había esperado ya mucho tiempo desde que la fuente se le rompió... Hemos hecho todo lo que ha estado en nuestras manos, y hemos sacado al primer niño con éxito- mientras hablaba, notaba como el hombre que tenia enfrente se tensaba cada vez mas, y su mirada se volvía de angustia total- pero hemos tenido complicaciones con el segundo bebé... Todo se ha puesto difícil y hemos tenido que realizar una cesárea para extraerlo- Jörg respiraba con dificultad, al parecer esperando algo en concreto, y el doctor decidió que no le iba hacer sufrir mas tiempo- el segundo niño... a nacido muerto, al parecer se asfixio dentro con el cuerpo de su gemelo.
No hubo ninguna respuesta, ni un grito ni un gemido ni siquiera algún movimiento por parte del hombre.
Nada.
No había forma de que Jörg reaccionara, no podía ni siquiera pestañear. El doctor le miro con semblante serio. Jörg estaba asimilando, pero dentro de él algo se acababa de morir... Algo se acababa de partir en mil pedazos y se había desangrado abruptamente. Algo le decía que quería morirse en ese mismo instante.
Su corazón, o su espíritu tal vez. No supo distinguirlo.
-Lo lamento mucho señor... su mujer esta en la sala durmiendo, puede pasar a verla si gusta.
Un silencio fúnebre se formo en el lugar. Jörg miraba al piso sin ninguna expresión en su rostro. Era como si su alma se hubiera desprendido de su cuerpo, y este no tuviera vida alguna.
-Con su permiso...- pronuncio el doctor, desviando la mirada.
Se retiro, dejando al hombre en su estado de shock. Este camino por inercia hacia los cuneros, sin tener control de su cuerpo. Se poso frente al vidrio y miro al pequeño niño que estaba dormido en uno de ellos.
Su mirada era indescriptible, no reflejaba ninguna emoción, solo estaba allí parado, ausente de la realidad.
¿Es posible que la vida te odie tanto para darte esa clase de castigos?
Jamás imagino que algo así pudiera pasarle a él, pero se resolvió en que era cosa de azar, que no podía elegir y que tenía que aguantarse. Claro que decirlo era mucho más fácil que hacerlo realmente.
-Finalmente ha nacido ¿eh?- escucho a un lado de él, una voz conocida que le hizo girarse.
-... Señor Bowie- pronuncio con extrañeza- ¿Qué esta haciendo aquí...?
-Alguien me dijo que no había ido a trabajar porque su esposa iba a dar a luz... Así que quise venir personalmente a comprobarlo.
Aquel hombre alto y de ojos azules se encontraba inmutable, parado junto a él, dirigiendo aquella mirada profunda y casi aterradora hacia los cuneros, buscando entre los niños al hijo de su empleado.
-¿Cual es?- pregunto con seriedad.
-... El de la 21- hablo aun consternado, mirando a su jefe con el ceño fruncido.
No era cosa muy suya el interesarse por sus empleados y su vida personal, el señor Bowie era un hombre frio e inmutable que no solía importarle la gente, era solitario y misterioso.
¿Qué hacia entonces tomándose la molestia de ir a verle solo porque no había ido a trabajar?
-¿No se supone que iba a tener gemelos, Kaulitz?
-Si... El primero tendría el nombre de Tom, y el segundo se iba a llamar Bill...- se palpaba la nostalgia que sus palabras expresaban, cuando suspiro dirigiendo de nuevo la mirada al cunero- pero el segundo nació muerto...
David Bowie dirigió una furtiva mirada al hombre, alzando una ceja, sin importarle mucho el dolor que aquella noticia significaba para su empleado.
-¿Y el cuerpo de la criatura?
Jörg lo miro confundido, sin entender a que venia aquella pregunta.
-No lo se. Apenas hace unos minutos sacaron a mi hijo.
-Entiendo...
Después de esto, hubo un silencio embalador, ninguno de los dos tenia intenciones de seguir la platica. Jörg trataba de calmar todo el dolor que sucumbía su cuerpo, principalmente porque no le agradaba la idea de ponerse a llorar frente a su jefe.
Pasaron varios minutos antes de que alguno de los dos hablara. El primero fue el señor Bowie.
-Kaulitz, le propongo un trato.
Jörg volteo a verlo confundido.
-¿Un trato?... ¿Qué clase de trato?
-Usted necesita el dinero para pagar el hospital ¿no es así? Recuerdo que me había pedido un adelanto de cuatro meses para pagarlo. Sin embargo, estoy calculando que con todos los inconvenientes que ha tenido... Ese dinero no le servirá ni para la mitad de todo lo que necesita, sin mencionar que su hijo necesitare tratamientos especiales y medicamentos, ya que ha nacido prematuro ¿no es así?
El hombre frunció el ceño. ¿Quien le había dicho que su hijo había sido prematuro?
-Señor... No tengo nada, lo que tengo no me alcanzara... no tengo idea de que hacer.
-Seguramente...- interrumpió fríamente el hombre-... Si no atiende a su único hijo, este podría morir también. ¿Sabe a lo que se atenta Kaulitz?
Jörg guardo silencio. Sus preocupaciones crecían a cada segundo.
-¿Por qué me dice esto?
-... Kaulitz, yo le pagare todos los gastos que necesita cubrir. Con el hospital y los medicamentos.
Aquello impacto al hombre, que de inmediato le dirigió una mirada de tremenda sorpresa.
-¿Esta hablando enserio señor?
- Yo nunca bromeo Kaulitz- miro con sus ojos profundos e inexpresivos hacia el cunero- como dije, le propongo un trato. Yo cubriré todos los gastos, sin cobrarle un centavo. Podrá salvar la vida de su hijo y dejar de preocuparse de las deudas que tiene...
-... ¿Qué es lo que quiere a cambio?- pregunto dudoso el hombre, con la respiración algo agitada, un tanto emocionado.
¿Le estaba hablando enserio?... No podría ser tan bueno ¿o si?
-Kaulitz... Lo único que quiero... Es el cuerpo de su hijo... El cadáver de su otro hijo.
Fue entonces que el hombre perdió la respiración momentáneamente.
-...- el silencio se hizo presente de nuevo, y esta vez era mucho mas pesado de lo racional-¿Qué me esta diciendo?
-Kaulitz, es muy simple- suspiro el otro- yo le doy todo lo que necesite, y a cambio, usted me entrega el cuerpo sin vida de su hijo.
La frialdad con la que lo decía aterraba al pobre hombre.
-¿Para que lo quiere?- este miraba la suelo, confundido y aterrado.
-Eso no es lo importante. Tómelo o déjelo Kaulitz.
-... No puedo hacerlo.
-Piénselo bien. Ese cuerpo ya no es su hijo, ya no le sirve de nada... Aun puede salvar a su otro hijo, si toma una decisión sabia.
-Señor, esa es algo inmoral...
-¿Inmoral?, ¿Dejara que su único hijo que aun esta vivo muera por defender la moralidad? ¿Dejara que le lleven a prisión por no pagar su deuda con el hospital, dejando a su mujer desamparada y sola por defender la moralidad?, ¿Que arruinen su vida y lo que le queda de sus esperanzas por la moralidad?... Kaulitz, en este mundo, uno pelea por su propio beneficio, si mira por la moralidad y lo que esta "bien" terminara perdiendo. Yo le ofrezco salvar eso que le queda de vida, lo único que tiene que hacer es darme algo que de todas formas ya no puede revertir, ya no es una vida, ni es su hijo... Ya no tiene nada que perder Kaulitz.
-...
El hombre se lo planteo seriamente. ¿Seria capaz? Su vida se estaba yendo de sus manos en un abrir y serrar de ojos.
Después de todo lo que había esperado por este momento, después de aquella momentánea felicidad que había vivido los últimos ocho meses... ¿Este era el precio que tenia que pagar? no quería perderlo todo. Ya había perdido una parte. Un hijo. ¿Podría perderlo al otro?, ¿A su mujer?, ¿Su vida?...
-Yo... No lo tengo aun. Además seguramente, Simone no estará de acuerdo.
-Ella no tiene porque saberlo. Pueden hacerle un funeral y una ceremonia digna, despedirse de él, y nunca tendrá porque saber que en realidad el nunca fue enterrado.
Las palabras de aquel hombre aterraban de sobremanera a Jörg, sonaba tan frio y cruel que no estaba seguro de que entendiera lo que significaban para una persona normal. Sin embargo, sabía que no tenía otra opción.
"Estas atrapado Jörg. O lo tomas, o mueres."
Era tan simple como eso. Pero ¿Se lo perdonaría a si mismo?
No estaba en circunstancias de decidirlo.
El silencio fue el único testigo de que aquella noche, ese hombre ingenuo y desesperado, pactaría un trato con el mismo diablo... Y sus decisiones le llevarían a condenar a toda su familia.
-Se lo entregare en cuanto me lo den- susurro el hombre, con la cabeza agachada y temblando la voz.
Era obvio que aquella decisión lo apenaba y lo hacia sentir la peor basura del mundo.
Pero al otro hombre, aquello no le importaba en absoluto.
Una sonrisa macabra de dibujo en el rostro de este, orgulloso de haber conseguido lo que había ido a buscar desde un principio.
Aquel momento seria el principio del final.
~*~
PROLOGO (PARTE 2).
El tiempo había pasado. Aquel pequeño bebé que había nacido el 1 de septiembre de 1989, que había estado casi un mes en el cunero, ahora se encontraba en brazos de su madre que se media con fatiga sobre una silla al rincón de una pequeña sala. La tarde estaba cayendo y la luz que se filtraba por la ventana alumbraba la pequeña figura de la mujer rubia que miraba con nostalgia al niño que cargaba en brazos.
El tiempo parecía haberse llevado el recuerdo de todo aquello que había sucedido hace apenas tres meses. Pero para Simone, todo aun era tan palpable. Todo ese tiempo que estuvo en el quirófano, todo el dolor y el miedo a perder a su hijo... Y cuando vio a lo lejos el cuerpo inerte de su criatura.
Las lágrimas comenzaron a caer por su mentón. Nada había vuelto a ser igual desde entonces. Ella no había terminado de superarlo del todo, y sentía impotencia y odio por todo mundo, sentía un enorme rechazo por todo aquel que se le acercara, era como si hubiera perdido la capacidad de amar.
Jörg había sido la principal victima de su mal humor. Últimamente el ambiente familiar se había vuelto pesado y difícil de conllevar. Simone solía dormir en un sofá que estaba en la habitación de su hijo y se la pasaba con el en brazos, sin hacer mucho en casa, sin decir nada cuando estaban juntos, parecía como si se hubieran convertido en un par de desconocidos. Era insoportable aquel aura de indiferencia.
Ese día Simone no había hecho más que estar sentada allí, dándole de comer a su hijo y mirándolo dormir. Últimamente solo tenía cariño para su hijo, no era capaz de ofrecerle cariño a nadie más que él, y eso era sumamente doloroso para la pobre mujer.
El tiempo corría lentamente, pero a ella no parecía importarle, como si estuviera dentro de una burbuja donde nada mas le importaba. La vida misma le parecía ya incolora y sinsabor.
En ese momento, la puerta sonó con un insistente toquilo que irrumpió el silencio que envolvía a la madre. Molesta, se levando con fatiga y se dirigió hacia la puerta con su bebé en brazos. Llego a esta y la abrió de mala forma, pero de inmediato, su expresión cambio, al encontrarse con aquel hombre rubio y alto que ella tanto anhelaba conocer.
Sonrió sin gracia, en un acto de educación.
-¿Es usted el señor Bowie?- pregunto con una voz cortada. Se sorprendió al notarlo, cayendo en la cuenta de que seguramente había enfermado después de dormir en aquel sofá tanto tiempo y destapada.
-Así es- contesto con frialdad- Usted es la esposa de Kaulitz- fue mas una afirmación que una pregunta, pero ella asintió con la cabeza- Simone Trümper ¿no?
-Si señor- agacho la cabeza dirigiendo la mirada a su hijo en brazos- me da mucho gusto verlo, desde hace mucho he querido darle las gracias por lo que ha hecho. Es usted un hombre muy bueno, Dios lo bendiga…
-Yo no he hecho nada mas que ver por mis propios beneficios- le cortó el otro, con una seriedad aterradora.
Simone lo miro algo impactada. No se esperaba que aquel que había salvado a su familia fuera un hombre tan frio.
-Pero…- trato de continuar-… ¿No ha sido que usted quien a pagado las deudas del hospital y las medicinas de mi hijo en un acto de nobleza?
-No ha sido por nobleza, eso se lo aseguro. Kaulitz ha hecho un simple trueque conmigo y yo solo le he pagado el precio que valía lo que me ha dado.
Simone se quedo pensando unos segundos… ¿Qué podría valer todo lo que había hecho por ellos?
David Bowie sonrió tétricamente. Simone casi pudo ver una ráfaga de fuego impregnada en los ojos de este. Algo no estaba bien, y comenzaba a sentir que su corazón palpitaba más fuerte.
¿Por qué?... Tal vez es que ese hombre simplemente era aterrador.
-¿Qué es lo que quiere?- pregunto algo mas tensa. Ya no pensaba que aquel hombre fuera precisamente un santo.
El volvió a sonreír- he venido a despedirme. Me voy ahora mismo del país, y me he querido tomar la molestia de dejarle un recuerdo a Kaulitz- en ese momento, Simone noto que este traía un sobre blanco y grande entre sus manos, que inmediatamente miro con incertidumbre- pero al parecer no esta en casa ¿o si?
-… No- respondió con el ceño aun fruncido- aun no regresa de trabajar.
-Oh… Bueno, tal vez seria inoportuno decírselo pero, esta tarde todos mis empleados serán despedidos, por lo que Kaulitz volverá a estar en banca rota- sonrió de nuevo- cosa que a mi no me importa en lo mas mínimo… Y ya he pagado lo que le pedí, ya no tiene nada que me pueda servir por tanto no me interesa lo que pase con el.
La joven madre miraba con desapruebo a aquel hombre.
-¿Cómo puede ser tan desconsiderado?- le reclamo.
-Da igual… Señora, le pido que por favor le entregue esto a Kaulitz- le extendió una mano sujetando aquel sobre.
Simone dudosa, lo tomo con una mano, cargando como pudo a su hijo.
-¿Qué es…?
-Oh, puede verlo si quiere- se dio media vuelta y comenzó a andar hacia una limosina estacionada frente a esa modesta casa- pero le advierto que puede ser demasiado fuerte para usted.
-¡Espere!- le llamo ella alzando la voz- ¿Qué fue lo que Jörg le dio a cambio de su ayuda?
Aquella pregunta era la que mas esperaba David, la que mas le emocionaba, así que curveo una notable sonrisa con sus labios, cosa que tenso aun mas a la pobre mujer que lo contemplo en medio de la casi total oscuridad que abrazaba el ambiente.
-Si quiere saberlo… Abra el sobre- hablo con un tono tan fuerte que a Simone le helo la piel inesperadamente- aunque yo le recomendaría… Que dejara todo como esta, y siguiera agradecida por lo que tiene.
Y dicho esto, camino hacia la limosina y se subió en ella, dejando pasmada a la pobre mujer, que como pudo, cerró lentamente la puerta y se tambaleo hacia la sala, arrojando en el sofá aquel sobre.
Abrazo con fuerza a su bebé, con los ojos húmedos, a punto de estallar en llanto.
Miedo.
Era todo lo que sentía en ese momento. Enorme miedo, a aquel hombre, a aquel sobre y a lo que pudiera suceder si lo abría. Si le había dicho la verdad, entonces sabía que aquel sobre era todo lo que necesitaba para saber toda la verdad.
Pero las palabras de David le habían dejado helada…
Aunque yo le recomendaría… Que dejara todo como esta, y siguiera agradecida por lo que tiene.
¿De verdad era tan malo?... ¿Qué demonios había hecho Jörg?... ¿Tenía que averiguar que sucedió en realidad?, ¿O seguir creyendo que aquel hombre había hecho un buen acto porque si?... Bueno, eso ya no podía creerlo.
De repente, todo se había vuelo tan misterioso y aterrador, que le atemorizaba incluso voltearse sobre su hombro, pues temía que aquel hombre estuviera parado frente a la ventana sonriendo diabólicamente.
Su sangre ya no corría, y sus ojos ya no parpadeaban. El corazón se le había detenido en un segundo… Lo único que captaba su vista era aquel sobre. En medio del miedo, su cabeza dejo de razonar.
Y se dirigió hacia el sofá y acostó con cuidado a Thomas aun dormido. Y se incorporo casi sin parpadear aun, mirando con recelo el sobre, debatiéndose internamente entre tomarlo o no. Y lo tomo. Lo llevo hasta sus manos temblorosas y rasgo la parte de arriba con nerviosismo. Saco entonces de su interior lo que parecían ser unas fotografías y radiografías de lo que parecía un niño… ¿Era un niño?... No parecía humano siquiera, parecía haber sido mutilado y cortado en pedazos… ¿Acaso era un experimento?
Simone comenzó a marearse, se tapo la boca tratando de evitar salir corriendo al baño para vomitar. ¿Qué clase de monstruo haría algo así?
Entre aquellas fotos, cayó al piso una pequeña hojita que levanto instintivamente y miro unos segundos antes de poder diferenciar un pequeño mensaje escrito en ella. Lo leyó con dificultad a causa de la oscuridad que ahora prevalecía a su alrededor. La luz de la farola de la calle era lo único que le servía de lámpara.
Y dentro de aquella oscura sala, la figura de la mujer cayó de rodillas al suelo, soltando un tremendo gemido, seguido de gritos ahogados en un llanto tétrico. Las fotografías se resbalaron entre sus manos y terminaron de cualquier forma en el piso, junto con su pesada figura.
La respiración de la mujer se volvió agitada y en algún momento, un grito inundo aquella casa, de dolor y miedo… En ese momento, se arrepintió de haber abierto aquel sobre que condenaría su vida para siempre.
~*~
Aquel hombre llego a su casa, cansado de un largo día de trabajo. Para desgracia suya, acababan de despedirlo, puesto que el señor Bowie se iría del país. Nadie sabía porque, había sido una decisión tan súbita como misteriosa. Se iba solo y nadie sabía a dónde, aunque muchos decían que se mudaba a Canadá junto con un niño que acababa de adoptar. A Jörg aquello se le hacía de lo más extraño, pero no le había quedado más remedio que callarse y recoger sus cosas.
No sabía que iba a hacer ahora, en especial porque seguramente Simone se iba a poner de un genio horrible. Mucho le pesaba desde hace tres meses su mujer, que se había vuelto de lo más fría y malhumorada. Sin embargo, no podía negar que aun con eso la amaba con su vida, y eso era lo que más le pesaba.
Entro entonces a su casa, notando al cruzar el umbral de la puerta que algo no estaba bien. El silencio era arrebatador y la oscuridad le cegaba. Como pudo, camino hasta la sala e intento prender la luz con el interruptor, pero al presionarlo, noto que este no servía. Alguien había cortado la energía.
Nervioso, camino hasta el comedor, donde tampoco había nadie.
-… ¿Simone?- pregunto al aire, y no obtuvo ninguna respuesta.
De pronto, un pequeño bostezo le hizo girarse en dirección a la cocina. Había sido el bostezo de un bebé recién despertado. Y tragándose el miedo que de repente le había invadido, se dirigió a la cocina, topándose con su mujer sentada en el suelo, cerca de la puerta hacia el jardín trasero.
-Simone…- pronuncio bajo, tratando de verla bien en medio de la oscuridad.
Lo que presencio fue un rostro empapado de lágrimas y una expresión vacía que daba a entender que se trataba de una loca o alguien que acababa de morir en vida.
-Tú…- murmuro con toda la tranquilidad posible-… eres… un monstruo.
Y comenzó a temblar con su hijo en brazos, que la miraba atento, con los ojitos bien abiertos, contemplando aquella indiferencia.
-Cariño ¿Qué…?
Simone lo interrumpió alzando un cuchillo afilado en dirección a su rostro, de una manera violenta y descuidada. Jörg tuvo que retroceder o le hubiera cortado la cara de un rajo. Ella le dirigió entonces una mirada llena de odio, perturbación, dolor, miedo… Un montón de sentimientos que se perdían en la agotada faz de la rubia.
-Vete... Jörg- las palabras le salían como un susurro, con dificultad y pesadez- o te juro… que… te mato…
-…Simone- extendió una mano en dirección a ella, pero esta levanto mas la navaja.
-No te me acerques… Eres un monstruo… Tu… ¿Cómo… pudiste?
El pobre hombre no entendía nada. En algún momento, dirigió su mirada hacia el suelo, y se encontró con un montón de papeles tirados, un sobre blanco a un lado… Dirigió una mano hacia ellos y levanto uno.
Su rostro se lleno de miedo e incertidumbre.
-¿Qué es esto?- pregunto con asco y terror.
Entonces, su mujer levanto su otra mano, enseñándole una hoja que mantenía aferrada con fuerza a su puño y que había arrugado momentos atrás.
Jörg la tomo con recelo, calculando terreno para no molestar a su recién enloquecida mujer.
Abrió inmesuradamente los ojos cuando leyó lo que decía.
-No- pronuncio en un susurro cargado de dolor. Había sido más un gemido.
Por unos segundos, el silencio reino. Lo único que se escuchaba era la fuerte respiración del niño que contemplaba con inocencia a su madre.
-… ¿De dónde sacaste esto?- pregunto después de un rato.
-Tu… Le regalaste… nuestro… hijo… a ese hombre...
-Simone… no entiendes- bajo la cabeza, apartando la vista de aquellas aterradoras fotografías- no tenía otra opción.
-Pudiste… haberte negado…
-No era tan fácil.
Una sonrisa llena de ironía salió del rostro de la joven.
-Eres… Un monstruo-
-Simone…
-Vete…- lo interrumpió, serrando los ojos, comenzando a agitar su respiración- no quiero volver a verte en mi vida Jörg…
-Simone, escúchame…
En ese momento, la pobre madre perdió todo el juicio que le quedaba, y en un arrebato de rabia y dolor, se abalanzo hacia su esposo con cuchillo en mano, haciéndolo retroceder y caer de sentón al suelo. Y ella lo acorralo, poniendo la navaja en su cuello, mirándolo de una forma desquiciada. Y Jörg no pudo moverse más, solo contemplar la inhumana mirada de la mujer a la que tanto amaba.
-Si no te vas…- pronuncio casi con gracia la rubia-… te juro que te matare en este momento, maldito desgraciado.
Jörg la miraba a los ojos, tratando de reconocer a la bestia que tenia encima de él.
Hasta que un llanto pronunciado y molesto emano de la criatura que ella sostenía de mala forma en sus brazos. Simone desvió por un segundo la vista hacia él, dándole el tiempo suficiente a su esposo para que se incorporara. Y en un acto reflejo, ella clavo aquel cuchillo de forma descuidada en alguna parte de su cuerpo. Y termino enterrado en uno de los costados de su marido. Este se doblo de dolor al momento.
Todo había sido demasiado rápido para reconocer los movimientos que habían hecho. Un segundo después, Jörg miraba fijamente a su mujer, y ella le devolvía la mirada, igual de desquiciada, y ahora mas temerosa que antes.
Simone se hecho para atrás, con los brazos y piernas temblando. Thomas seguía llorando insaciablemente, y ella apenas pudo reaccionar para apretarlo en un abrazo que necesitaba más ella que él. Sus piernas flaquearon y cayó al suelo, en la misma posición en la que se encontraba cuando Jörg llego.
Este, por su parte, hecho a caminar hacia la salida, convaleciéndose de dolor. Salió por la puerta de entrada, tirando en su camino aquella navaja que acababa de extraer de su carne. Y hecho a caminar hacia la calle, tratando de alejarse lo más que pudo de la casa antes de pedir ayuda. No quería que nadie supiera que había sido su mujer la que le había causado esa herida.
Esa fue la última noche que Simone vio a su marido. La luz de aquella farola de la calle había sido testigo de la escena que habían armado. Minutos más tarde, la rubia se quedaría dormida en el piso de esa sucia cocina, con su hijo llorando en brazos, dejando la puerta abierta, dejando la navaja ensangrentada en el piso de la sala, dejando aquellas aterradoras fotos en el suelo, y esa nota escrita en tinta que le había destruido la vida, no solo a ella y a Jörg, si la de su hijo y de sus seres queridos:
Le presento Bill, su hijo. Ahora sabe que hice con él. Espero que su curiosidad llegue hasta aquí Kaulitz. Hasta nunca.
~*~
Años después conocerían la verdad que Simone había decidido en ese momento ocultar de la faz de la tierra.
Y aquellos videos que había grabado con Jörg durante esos ocho meses quedarían en el olvido, guardados bajo llave, ocultos del mundo, de forma que nadie jamás supiera lo que realmente había sucedido con esa familia.
Thomas jamás sabría que había tenido un gemelo, y que había nacido muerto y vendido a un loco que le había mutilado de la forma más perversa e inhumana. Aquella felicidad seria ocultada del resto del mundo por siempre.
O al menos eso es lo que en ese momento, Simone había resuelto. Thomas jamás vería esos emotivos videos, porque de esa forma no sabría que algo no había estado bien desde el principio.
El no tenía la culpa.
Pero no podría ocultarle la verdad para siempre.
~*~
Lejos de allí, un avión partía de alguna residencia privada cerca de la costa.
Dentro de él, un hombre alto y rubio sostenía casi con cariño el cuerpo de un bebé en brazos.
Lo miraba de reojo, sin inmutar su expresión fría. Contemplaba su rostro, era una criatura bellísima, de facciones finas y una piel tan clara que casi era transparente.
Si la naturaleza desde el principio se había esmerado en él, la tecnología que este hombre había utilizado para regresarle la vida había ayudado en otro tanto.
No era demasiado difícil, solamente tuvo que remplazar algunos órganos internos y poner algunos aparatos para que su corazón volviera a bombear artificialmente.
David Bowie había aprovechado la situación para implantarle un par de cositas mas, volviendo su cuerpo humano en un apartador de energía recargable, listo para ser usado en cualquier momento. En simples palabras, un androide… Un humanoide.
Claro que aquel hombre había decidido esperar hasta que este creciera mas para que su cuerpo fuera de mayor utilidad. Pero de todas formas, era como si David acabara de dar a luz a un niño, mucho más especial que uno cualquiera, pero de igual forma, un niño.
La idea no le hacía mucha gracia, pero si era lo que tenía que hacer para obtener fuerza y poder, entonces valdría la pena.
-Tu serás mi boleto al éxito…- murmuraba a lo bajo, sin que los empleados que estaban por allí, apresurados preparando sus cosas lo escucharan-… Juntos lograremos cosas enormes, y tú serás sin duda un ser invencible, poderoso y tremendamente fuerte- siguió, mientras la criatura tan despierta y curiosa, sostenía con fuerza el dedo índice del hombre-… y por supuesto, serás mi fiel esclavo… Tú me llevaras a lo más alto de este podrido mundo… Bill.
El tiempo se llevaría consigo la inocencia de aquel niño, y entonces es que el mundo conocería la fuerza que este poseía.
Pero para eso, aun faltaba muchísimo.
Sin embargo, el destino le tendría otra misión.
Él no era un alma mala.
Solo una demasiado desafortunada.
Minutos después, el cielo se trago aquel avión, desapareciendo entre las nubes de aquella noche inmutable.
Se había marchado, pero no para siempre.
El tiempo devolveria todo a su lugar.
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