viernes, 26 de noviembre de 2010

Capitulo 1

KÜNSTLICHE LIEBE
BY: PANDORA JR.

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CAPITULO 1. "Noise"

El invierno empezaba ha caer sobre Alemania, aunque la nieve aun no se hacia presente. Eran los últimos días de noviembre, y las vacaciones de fin de año se acercaban.
El aire resoplaba con rudeza sobre las copas de los árboles del jardín de aquella universidad. Los alumnos empezaban a dispersarse por el campus. Las clases habían acabado por hoy, al menos para Tom. El chico caminaba con despreocupación por el largo camino empedrado que dirigía hacia el estacionamiento, donde se encontraría su Audi ultimo modelo esperándole. Simone, su madre, se lo había regalado en su resiente cumpleaños numero 19.
La situación de aquella mujer había cambiado desde hace mucho... Ahora era una exitosa diseñadora y tenía una boutique en un centro comercial. Mucho le había servido el conocer a Gordon, con quien se casaría la próxima semana, ya que este si no era rico, tampoco estaba en banca rota.
Gracias a esto, su hijo jamás tuvo que sufrir las incomodidades de una vida de pobres y mucho menos las tragedias que habían sucumbido a la familia antes de que el tuviera uso de razón. Por supuesto, Tom no tenia ni idea de cual había sido la verdadera razón por la que no tuvo un padre a su lado, pero esto a el no le importaba lo mas mínimo. Era feliz con su vida de aparentes lujos y amistades de a montón en su facultad.
Estaba estudiando diseño grafico, no tanto porque fuera una carrera favorable para su economía, si no que se había dado el lujo de estudiarla simplemente porque le gustaba.
Para entonces, Tom no tenia muchas preocupaciones, y en lo único que iba pensando mientras caminaba con unos auriculares en los oídos, ausente de lo que sucedía a su alrededor, era en lo que se pondría para la fiesta de esta noche.
Llego al estacionamiento y se encontró a dos de sus mejores amigos. Les sonrió en cuanto ellos captaron su presencia y camino hacia ellos quitándose los audífonos de los oídos.
El mayor de los dos le saludo agitando la mano en el aire.
-¡Hey, Tom!- le llamo un par de pasos a distancia.
-Tranquilo hombre, que no me voy a ningún lado- sonrió el chico de cabello trenzado.
-Georg anda todo alborotado por la fiesta de hoy- concluyo el otro chico que estaba a su lado.
-¿No me digas?, No es la primera vez que te invitan a una fiesta universitaria ¿o si Georg?- bromeo este.
Georg achino la mirada, haciéndose el ofendido.
-Anda mamón, sigue haciéndote le chistoso ¿eh?- lo empujo en son de juego y ambos comenzaron a forcejear tratando de tumbar al otro.
Gustav por su parte, saco de su bolsillo un cigarro y se lo llevo a la boca, prendiéndolo en el acto.
Después de unos segundos, los dos amigos dejaron de pelear y comenzaron a reír vivazmente.
-Parecen un par de críos saliendo del parvulario ¿sabían?- bromeo Gustav.
-Vamos, yo no tengo la culpa de ser feliz ¿o si?- contesto Georg.
-Claro...- rio Tom- que mamonazo te haz oído ¿sabes?
-Bueno y aparte de eso... Tom, ¿Ya hablaste con Chantelle?- prosiguió Gustav, que parecía el mas serio del grupo.
-No, ¿Por qué?- se extraño este- ¿Para qué quiere que hable con ella?
-Serás imbécil- Georg le soltó un zape en la nuca, cosa que hizo a Tom fruncir mas el ceño- pues para pedirle que vaya contigo a la fiesta.
-Bueno, pero...- se lo pensó unos segundos-... se supone que cada quien llega por su lado ¿no?
-Cierto- le secundo Georg- tampoco es que vaya a invitarla a una cena con velas y música romántica o algo así- ambos amigos sonrieron mientras el aludido seguía con el ceño fruncido, tocándose la cabeza en sentido de confusión.
-Venga Tom- le animo el rubio de cabello corto- al menos dile que se verán en la fiesta, para que te espere y no se vaya con algún otro mamón por allí.
Aquello iba en serio, y este lo entendió de inmediato.
-Claro que si, ¿acaso me vez con la intención de desaprovechar mi oportunidad?- dijo mientras buscaba con la mirada sobre las cabezas de los montones de personas que estaban repartidas por todas partes a aquella chica de cabello dorado que tanto le traía loco últimamente.
Desde hace un par de meses se la habían presentado, y según sabia, había cortado con el coreback del equipo de futbol, lo que significaba una buena presa para el Casanova de ropas grandes.
En medio de todo el gentío, la identifico a la lejanía, platicando animadamente con un grupo de chicas que rodeaban un hermoso auto convertible que a Tom le encantaría conducir si no fuera porque era de un color rosa pastel de lo mas cursi.
Al parecer, la rubia lo había estado buscando también, porque en cuanto la miro ella le devolvió una sonrisa coqueta. Él imito el gesto y le guiño un ojo, poniendo pose de chulo tan propia de él.
-Anda Tom, pues que aproveche ¿eh?- le llamo el mayor de sus amigos, Georg, que estaba en el tercer grado, dos años mayor que el y uno mas que Gustav- Nosotros ya nos vamos, pero te vemos en la fiesta al rato.
-Si claro- contesto Tom, volviéndose hacia ellos- allá los veo.
-¿Tienes la dirección?- pregunto Gustav- es la casa del chico Andreas ¿no?
-Si, bueno, la tengo en el GPS-contesto encogiéndose de hombros.
-Vale, pues te vemos en un rato- finalizo Georg.
Tom asintió y los mayores se despidieron del chico de trenzas que en cuanto les dejo se dispuso a subir a su auto ultimo modelo. En ese momento, sintió un fino tacto sobre su hombro, un delgado dedo que le llamaba. Se giro y se encontró con la escultural figura de aquella rubia que tanto le hacia babear.
Y sonrió por inercia, casi estúpidamente, como un adolescente enamorado.
-¿Pensabas irte sin saludarme?- alzo una ceja la aludida, posando sus manos en su cintura, haciéndose la molesta.
-Anda, pero que tanto me extrañas...- sonrió retador el chico- pensaba que tu eras la que estaba ocupada con sus amigas.
Chantelle rio ante el comentario un tanto prepotente de Tom. Este había notado que cada vez que reía bajaba la cabeza y entrecerraba los ojos, como si quisiera hacerse la refinada, nunca la había visto carcajearse vivazmente, era como si sobre todas las cosas, guardara siempre la estética y la pose. Eso era algo atractivo en ella, según pensaba él.
-Bueno, pues ya vez que yo al menos vengo a saludarte.
-Parece que no puedes vivir sin mi- alzo una ceja el chico y la miro mordiéndose el labio, conteniendo una risita.
Esta vez, la chica abrió la boca casi desencajándose la mandíbula y le dio un manotazo en el brazo a Tom, lo que significaba que si seguía con esos comentarios se empezaría a molestar de verdad.
-Vale...- siguió él-... Pues ya que estas aquí, quería preguntarte a que hora llegaras a la fiesta de Andreas.
-Oh, la fiesta- respondió la chica como si de verdad la hubiera olvidado- bueno, pensaba llegar como a las 10.
-Vale, ¿Quieres que pase por ti?
-... ¿De verdad?
-Claro que si. Nada me encantaría más que llegar con una belleza como tu- alzo una ceja.
Tal vez no era tanto lo que decía, si no como lo decía, lo que hacia que todas las chicas temblaran por dentro ante su galantería.
Y Chantelle no era la excepción, pero intento ocultarlo, moviéndose ansiosamente sobre sus pies, jugueteando con un mechón de su cabello.
-Bueno, eso me encantaría- confeso con la mirada en el suelo, haciéndose la tímida.
-Bien…- alzo su cabeza posando una mano sobre la barbilla de la rubia, mirándola a los ojos, haciendo que esta prácticamente se derritiera en sus brazos-… Entonces yo paso por ti.
Ella sonrió estúpidamente, olvidando por un momento quien era, olvidando que tenía a media escuela loca por ella, olvidando que podía mover a quien quisiera con un solo chasquido. Tom la ponía así, tal vez porque ambos estaban en condiciones iguales, ya que él tenía a la otra mitad de la escuela loca por él. Sin duda alguna eran la pareja perfecta, lo único que faltaba es que alguno de los dos diera le primer paso. Y eso era justo lo que Tom planeaba hacer esa noche.
-Ok…- volvió en si la chica, soltándose de su agarre- entonces te veré más tarde Tom.
Y dicho esto se dio la media vuelta, moviendo sus contorneadas caderas al ritmo de su caminar, para darse una ultima vuelta varios pasos lejos de él y despedirse moviendo los dedos de su mano, mirándolo sobre su hombro de un modo provocador y sexy.
Tom no tenia duda de que ella era la chica perfecta para él. Solía salir con muchas chicas, nada serio, a lo mucho que había llegado había sido el año pasado con una morena de infarto. Habían salido casi dos meses, pero claro, Tom se aburría fácilmente, así que la dejo sin más. En ese momento, pensaba que tal vez con Chantelle podría llegar a más, a algo realmente serio, tal vez podría enamorarse por primera vez.
~*~
Lejos de aquella universidad, había una casa algo modesta para los barrios altos en donde se encontraba. Realmente, no tenía relativamente mucho desde que la habían comprado. Simone había gastado los ahorros de 15 años para pagarla. Tenía a lo mucho unos 4 años que habían terminado de construirla, pero por supuesto, aun le faltaban muchos arreglos para que se viera tal como Simone la soñaba.
Pero ella confiaba en el tiempo, porque había aprendido que este le regresaba todos los favores, y confiaba en que pronto, con la llegada de Gordon a la familia, su vida estaría nuevamente realizada, y esta vez nada le podría arrebatar la felicidad… Que equivocada estaba.
La mujer estaba terminando de preparar la comida. Aquella tarde Gordon iría a comer con Tom y ella, y en la noche Tom se iría a una fiesta con sus amigos, lo que les daría tiempo a ella y su pareja de disfrutar una bonita noche a solas. En ese momento, el timbre de la entrada sonó, y ella por inercia, se limpio las manos en una toalla que colgaba cerca de la estufa y se dirigió a la puerta para atender la visita.
Tom tenía llave de la casa, y Gordon llegaría mucho mas tarde, así que no se podía tratar de nadie que ella estuviera esperando.
Llego a aquella preciosa puerta de caoba que había comprado a unos importadores hace un tiempo y giro la perilla, abriéndola de par en par y encontrándose para su sorpresa a un desconocido muy extraño. Frunció el ceño mientras lo examinaba fugazmente. Era muy alto y delgado, pero llevaba una capucha algo extravagante y cubría su rostro con su largo cabello negro intenso. Estaba allí parado sin mas, sin mirarle siquiera, como si se hubiera quedado dormido allí parado. Pensó que tal vez era uno de los amigos de Tom, pues parecía tener la misma edad, pero se resolvió en que definitivamente Tom no tenia esa clase de amigos. Ese chico era algo sumamente tétrico.
Simone no le decía nada, se había shockeado un poco, esperando que tal vez reaccionara en algún momento. Pero en vez de eso, hubo algo que hizo girarse hacia su derecha. Había alguien más allí y acababa de caer en la cuenta. En cuanto le vio, sus ojos se salieron de sus orbitas y un suspiro ahogado se escapo de su garganta.
No podía ser posible… No era cierto… No era él… ¡No Dios!... ¡No!
Su respiración se volvió agitada y tuvo por un momento la intención de azotar la puerta y correr hacia el teléfono para llamar a la policía o algo así. Un montón de teorías pasaron por su cabeza, pero su cuerpo no reaccionaba a ninguna orden que ella le mandaba.
David Bowie la miro seriamente, sin inmutarse ni un poco, igual de frio y aterrador que como le había conocido 19 años atrás.
Finalmente, su cuerpo atino a tomar una esquina de la puerta e intentar serrarla lo más rápido que pudo. Pero una mano la detuvo. Simone lo miro sobresaltada. Aquel chico finalmente había dado señales de vida, y la había asustado de sobremanera, dejando su corazón en la palma de su mano.
-¿Acaso esa es tu forma de saludar a los viejos conocidos… Simone?- escucho la voz grave de aquel hombre. Se podía distinguir un matiz casi de diversión en esta.
El hombre rubio se aproximo hacia ella y esta retrocedió por inercia. Fue entonces que noto que afuera de su casa había una bella limosina… La misma que había visto llevárselo hace tanto tiempo.
Sin darse cuenta, le había dejado paso libre al hombre para entrar a su casa  ahora se encontraban un par de pasos de las escaleras, ella de espaldas a estas y el de frente a ella, acorralándola simplemente con sus ojos profundos e inexpresivos. Un completo psicópata.
Aquel chico había serrado la puerta de la casa con una delicadeza enorme y ahora se encontraba a un costado de su acompañante, sin apartar ni un momento sus largos cabellos de su cara, haciéndole imposible a la mujer distinguir alguna de sus facciones.
-Y dime Simone… ¿Cómo esta tu hijo?- comenzó a hablar el hombre- ¿Y tu como has estado?- sonrió irónicamente- Escuche que te separaste de Kaulitz y que ahora estas por casarte ¿No es así?... Vaya, tu si que sabes como engatusar a los hombres… Pobre de Kaulitz, seguramente estará en la mierda ahora ¿no crees?
Simone noto como aquel chico, de quien no había podido apartar la vista, sonreía un poco. Pudo ver entonces su boca, únicamente esta, pero eso no le decía nada. Aquel muchacho le daba enorme curiosidad.
-Simone…- suspiro aquel hombre, comenzando a fatigarse de sepa Dios que-... ¿Sabes por que estoy aquí?
La mujer le miro nuevamente a él, con los ojos aun estampados de terror. Algo le decía que no podía ser bueno.
-…- entonces, David acerco su rostro a su oído y susurro casi con inocencia- estoy aquí porque alguien me ha dicho que se te a pasado la lengua con la policía, y les has contado cierto secretito que teníamos entre Kaulitz, tu y yo… ¿Sabes que me molesta mucho la gente que no sabe guardar secretos?
Simone perdió la respiración por unos segundos.
No podía ser cierto… ¿Pero como se había enterado?... Jamás pensó que él pudiera saber que había denunciado el robo de su hijo. Era un cadáver, lo sabia, pero al enseñarle las fotografías a la policía, estos habían comenzado a buscarle por todo el país. Sin embargo, llevaban 3 años desde que Simone dio la denuncia, y no lo habían localizado aun.
¿Cómo es que eran tan incompetentes para permitir que volviera al país y llegara hasta su casa tan fácilmente? Nunca creyó que pudiera terminar en esa situación.
-¿No vas a decir nada Simone?- aparto su rostro de ella y le miro de nuevo, esta vez con una sonrisa estampada en su cara.
Pero esta era sumamente falsa, pues sus ojos no mostraban interés alguno. Como siempre, sus ojos eran inmutables, por lo que le era imposible fingir alguna emoción, pero también le era sumamente fácil ocultarlas todas.
-Bueno… No importa, no vengo platicar contigo- se cruzo de brazos caminando alrededor de la petrificada mujer- en realidad vengo a poner un alto. No me gusta que exista gente que trate de meterse conmigo. No puedo correr ningún riesgo- termino de darle una vuelta, sin quitarle la mirada de encima, y volvió a pasar frente a ella para caminar a uno de sus costados y situarse allí, perdiéndose de su vista-  y como te imaginas… Tu ahora eres un riesgo- acerco de nuevo su rostro a su oído, posando sus frías manos sobre sus brazos, inmovilizándola-… uno muy molesto. Así que no me queda otra opción que deshacerme de ti… No te lo tomes personal Simone.
Ella ya no reaccionaba. Miraba hacia la nada, con la respiración entrecortada y el corazón helado… ¿Acababa de decir que se desharía de ella?
(http://www.youtube.com/watch?v=fZkfEEl5Y4Y)
-… ¿Me vas a matar?- susurro con su ultimo aliento. Su cuerpo y su mente no reaccionaban, solamente sentía el frio peso de la culpa sobre ella.
La de cuando permitió que todo esto pasara. Cuando corrió a Jörg de casa, cuando le enterró aquel cuchillo y este desapareció de su vida. Cuando levanto esa demanda, haciéndose la valiente, fingiendo que no tenía miedo, como si de verdad pudiera con eso… Y nunca había involucrado a Jörg porque a pesar de todo, nunca lo había dejado de amar. Si, ahora que lo veía bien, su vida nunca volvería a rehacerse, porque para ello tendría que tenerle a él a su lado. Gordon era un buen hombre, pero sin duda Jörg había sido el amor de su vida…
Ahora estaba allí, jugando a ser la valiente, como si nunca se hubiera imaginado que eso pasaría. Pero en el fondo, siempre intuyo que algo como eso algún día le llegaría. Se preguntaba con toda la calma del mundo, cuanto tiempo tardaría en morir… ¿Seria muy doloroso?
-No Simone- respondió el hombre y esta lo escucho casi a la lejanía- yo no pienso matarte… No me gusta mancharme las manos con la asquerosa sangre ajena.
Se aparto de su lado y camino hacia aquel chico que seguía sin inmutarse, parado frente a ella.
-Por eso le he traído a el…- concluyo posando una mano sobre el hombro del chico que ahora volvía a observar con frustración la mujer- no te sientas mal Simone… Piensa que al menos tus últimos momentos de vida no han sido en vano…
Le dirigió una mirada fría y una sonrisa calculadora. Pero esta no apartaba la mirada del chico, ignorando todo a su alrededor. En algún momento había empezado a llorar silenciosamente, como si su cuerpo expulsara las lagrimas sin ningún estimulo. Su rostro ahora se encontraba empapado y su cuerpo temblaba convulsivamente, pero ella no se inmutaba, y solo le miraba a él, con una curiosidad fascinante.
-Simone… te presento a tu hijo… Bill.
Y fue entonces que el cuerpo de la agotada rubia volvió a la vida, soltando un gemido silencioso, tragando aire torpemente. Y aquel chico levanto finalmente el rostro, y la miro con unos ojos profundos y enigmáticamente rojos. No eran ojos humanos, parecían dos focos incandescentes, como si dijeran que estaba en modo “encendido”.
Madre e hijo se miraron por un largo rato, sin descifrar lo que pasaba por la mente del otro. Ella no pudo evitar sentir un impulso que le gritaba que lo abrazara, porque después de un rato se había dado cuenta de que era la misma cara de su Tom, solo que este chico llevaba los ojos delineados en sombra negra, como si eso le diera un matiz aun mas misterioso.
Era hermoso, el rostro mas bello que había visto en su vida, y aquellos ojos la hipnotizaron, como una polilla que es cegado por la preciosa luz de la linterna… Pero sabía que esas linternas no eran más que su muerte disfrazada de gloria. Era su hijo, su hijo a quien hacia muerto desde hace 19 años, a quien le había llorado noches enteras, a quien tanto amaba aunque no le conociera. Era su hijo y estaba vivo… Pero ¿Cómo?
-Entonces, los dejare solos- hablo finalmente el hombre que los observaba fingiéndose conmovido- no te tardes demasiado- bajo el tono de su voz cuando paso a un lado del chico y este desvió finalmente la mirada para dirigírsela a él y luego asentir con obediencia. Ladeo la cabeza cuando regreso su vista hacia la petrificada mujer, como si tuviera curiosidad en su persona.
Se acerco un par de pasos hasta quedar de frente a ella, quien le seguía mirando a los ojos, hipnotizada, como si se hubiera desprendido de su cuerpo. El no le aterraba, al contrario, tenia tantas ganas de abrazarle y decirle “hijo” y que el la abrazara y que llorara con ella. Quería sentir que acababa de encontrar a su hijo que ella hacia muerto. Pero… ¿Por qué no podía sentirlo?, ¿Por qué sentía que este no era su hijo?
-…Bill- susurro la pobre mujer, en un intento para romper esa barrera y sentir el calor emanar de su cuerpo, el calor de un cariño que ella tanto había guardado por muchísimo tiempo.
Entonces fue que aquel muchacho dirigió su mano hacia ella, y esta frunció el ceño con algo de miedo, pero lo que hizo le sorprendió de sobremanera. Bill llevo su mano hacia la mejilla de la rubia, acariciándola con inocencia, como si quisiera tranquilizarla… Y ella comenzó a llorar esta vez consiente de esto. Bill dirigió su mano hacia su oído y acomodo un mechón de pelo detrás de este, dirigiendo la mirada hacia su costado, casi con fascinación. Luego siguió acariciando su rostro subiendo de a poco hasta tocar su frente, acomodando el cabello de esta también. Simone se creyó aquello, pensando que ese muchacho trataba de calmarla y que pronto le diría algo como “madre… Cuanto te he extrañado” y luego la dejaría escapar. Las esperanzas de una madre ingenua que se creía que el mundo de verdad podía devolverle amor.
Pero en un momento, Bill apretó su palma contra su frente, dejando de acariciarla. Simone frunció el ceño sin moverse. El muchacho sonrió entonces, con una expresión que la pobre mujer no pudo descifrar. Era divertido… El se estaba divirtiendo. Y entonces cayo en la cuenta de que aquellas manos estaban heladas y su tacto le provocaba casi dolor.
-… ¿hijo?
El muchacho le siseo, mirándola a los ojos, llevándose el dedo índice hacia la boca, aun sonriendo. Divertido… Todo eso era muy divertido para él.
-…Sierra los ojos- hablo finalmente con una voz demasiado aguda. Era una voz angelical, delicada y tranquilizante.
Y la mujer serró los ojos, aun llorando vivamente. En ese momento, sintió un pequeño piquete en la cabeza, un pinchazo de dolor que le hizo gemir, pero una descarga mas dolorosa aun le hizo abrir los ojos con miedo. Y le miro una última vez, notando que este la observaba serio, y sus ojos se habían vuelto de un café hermoso, casi color miel… Eran realmente bellos.
Lo eran… Era su hijo, su hermoso hijo y finalmente lo había visto y le había tocado y le había hablado. ¿Se podía pedir mas?...
El pesado cuerpo de la mujer callo redondo al piso, chocando contra el azulejo recién limpiado. Una pequeña gota de sangre salió de su frente, como si se hubiera dado un pinchazo con una aguja. El punto exacto que Bill había tocado. La miro unos segundos, analizándola. Luego se miro la mano, que serraba un pequeño agujero que se había abierto mecánicamente en este, de donde había salido esa pequeña aguja con descarga eléctrica que incrusto en la frente de la mujer.
Rápida, certera, silenciosa… Aquella era una buena forma de matar sin ser descubierto, de no hacer sufrir demasiado a la victima.
El muchacho no la había querido hacer sufrir, aunque sabia que pudo haberlo hecho mas divertido… Pero algo dentro de él no quiso hacerlo. Seria tal vez que aunque se tratara de una maquina acecina, aun tenía una parte humana que le impedía ser tan cruel como debía, o tal vez es que sabia que se trataba de su madre.
Se dio media vuelta ignorando el cuerpo postrado a sus pies y se dispuso a marcharse, caminando con determinación hacia la salida. En su transcurso miraba hacia el frente, inmutable, como una maquina. Pero algo atrajo su mirada en el transcurso, y giro la cabeza hacia su izquierda, contemplando un retrato colgado en la pared. Lo escaneo de forma mecánica, y pudo distinguir a la mujer cuya vida acababa de haber sido robada, con una radiante sonrisa en el rostro, abrazando la espalda de dos hombres. A su derecha estaba un bien parecido señor que pasaba por la edad de ella misma. A su izquierda, estaba un chico de rastas rubias y ropas grandes que sonreía del mismo modo que los demás.
Su rostro llamo especial atención en el muchacho de cabellos oscuros que sintió un pinchazo en el pecho en cuanto le contemplo. Era muy bello, pensó, pero algo en su rostro le hacia desconcierto… Era el mismo rostro de él. Era como si se tratara de la misma persona. Aquello perturbó la agitada mente del muchacho, que prácticamente huyo de aquella casa cuando se dio cuenta de que el ambiente comenzaba ha volverse demasiado pesado para él. No le gustaba permanecer por mucho tiempo cerca de alguien a quien había matado, porque de inmediato sentía la culpa empezar a invadir su cuerpo.
Salió apresuradamente y se dirigió a la limosina. Se subió en la parte del copiloto sin voltear a mirar a nadie. El hombre que estaba frente al volante encendió el auto y arranco, a lejos de aquel lugar. En la parte trasera se encontraba David, con una sonrisa de satisfacción impregnada en el rostro en cuanto vio al chico regresar apresuradamente al auto. Junto a él se encontraba otro hombre de apariencia apagada y nerviosa, encogido de piernas, mirando hacia la nada, con un aspecto descuidado y evidente pobreza.
-No te preocupes Kaulitz…- pronuncio el hombre rubio que se situaba a un lado suyo-… la peor parte ya paso… además, ella ya te había olvidado desde hace mucho. Ya no tiene caso que sufras por ella ¿no?
El hombre giro su mirada hacia él. Era una mirada desquiciada, como de quien ha perdido el juicio desde hace mucho tiempo. Lo observo por unos segundos, dándose cuenta de que este no se molestaba por su insistente mirada. Entonces la desvió y la dirigió hacia el muchacho que tenia enfrente. El parecía ausente, pero en cuanto el hombre se volvió hacia el espejo retrovisor pudo captar los ojos de este sobre él, con evidente recelo. Su expresión era clara, como si le preguntara algo con los ojos… Algo que el pobre hombre había olvidado con los años y el chico no estaba muy dispuesto a escuchar con voz clara de nadie.
“… ¿Eres mi padre…?”
El silencio siguió reinando, y ninguno de los presentes se dispuso a aclarar la verdad, aunque esta ya era mas que clara. El único que disfrutaba de la situación por supuesto era Bowie, saboreando la venganza en su boca.
~*~
El auto del chico fue aparcado en la entrada de aquella casa.
Tom salió de aquel bello Audi y encendió la alarma contra robo. Se dirigía animadamente hacia su hogar. Tomo sus llaves y las llevo hacia la puerta de esta. Metió en la cerradura la llave de la casa y la hizo girar, para después tomar la perilla y abrir completamente la puerta.
Miraba ausente hacia el piso, tanteando por donde caminar, con una media sonrisa en su rostro. Tenía un semblante bastante típico y calmado.
Sin embargo, su rostro cambio de expresión en cuanto noto algo raro. Algo que no tenia que ser, y lo peor era que no tenia el mejor semblante.
-… ¿mamá?- se atrevió a pronunciar de repente, frunciendo el ceño, tratando de asimilar aquella imagen.
Se alejo de la puerta y corrió hasta ella. Estaba tirada en el suelo, al pie de las escaleras. En cuanto la vio pensó que se había desmayado o caído de estas, pero cuando estuvo frente a ella, su corazón dio un vuelco arrebatador y tuvo que cubrirse la boca para no soltar un grito de terror. Noto entonces que yacía tirada con los ojos abiertos y una expresión de miedo. Por supuesto, no parpadeaba ni daba señales de vida.
Tom se inclino y la sostuvo casi bruscamente entre sus brazos. Levanto su cabeza y la pego a su pecho, moviéndola frenéticamente.
-¡Mamá!- hablo con más claridad- ¡Mamá! ¡¡Despierta!!
Comenzó a gritar, tratando de hacerla reaccionar. Era lógico que no lo lograría, y se dio cuenta desde que la vio con los ojos abiertos. Eso solo pasaba cuando se trataba de… De un cadáver.
-¡¡Mamá!!- grito con todas sus fuerzas.
Su rostro se torno de dolor. Se había puesto rojo del esfuerzo y una vena se remarco en su frente. Grito repetidamente su nombre, abrazándola contra el. Grito tantas veces como pudo, hasta que se quedo afónico. En ese momento sus gritos fueron sustituidos por un amargo llanto que comenzó a fluir desde su pecho.
Era como si algo se hubiera quebrado dentro de él. No podía terminar de asimilarlo.
No puede ser cierto… No… ¡¡No!!... ¡No puedes estar muerta!... ¡¡¡NOOOOO!!!
Su llanto era más de miedo que de dolor. No quería mirarla, no quería creer que de verdad tenia a su madre entre sus brazos, no quería creer que su cuerpo ya no tenia vida, no quería creerlo, no quería estar allí. Sintió unas arrebatadoras ganas de salir corriendo de allí, de alejarse, de correr tan rápido que pudiera romper la barrera del tiempo, de correr hacia atrás, para cambiar esa realidad y llegar a casa y mirar a su mamá en la cocina terminando la comida. Quería que fuera un sueño, una pesadilla y quería despertarse en ese instante. Lo intento varias veces, serrando con fuerza sus parpados y luego abriéndolos, pero seguía allí, en el piso con su madre entre sus brazos.
Pensó que así solían ser sus pesadillas de niño, en las que veía a su madre morir y sentía un enorme dolo en el pecho, y se despertaba llorando y gritando para que Simone lo escuchara y fuera a consolarlo, y lo abrazara para que se diera cuenta de que eso no había sido cierto, y que aun tenia a su mamá.
Eso no podía ser cierto, no podía asimilarlo, no podía creerlo. No cavia en su cabeza la idea de que aquella escena fuera cierta.
Siguió llorando, abrazado a aquel cuerpo inerte, gritando repetidas veces el nombre de su madre, con una fuerza sobrehumana, desgarrándose la garganta.
En algún momento, alguien tuvo que escuchar ese aterrador alarido, y de entre todos los vecinos que había por allí, alguno tuvo el valor de correr hacia aquella casa y entrar a ver que ocurría. Tal vez hubiera sido impertinente, pero en cuanto aquel hombre entro se topo con aquella estampa, y sus ojos saltaron de sus orbitas, comprendiendo instantáneamente lo que ocurría. No le dio tiempo a Tom para darse cuenta de su presencia, y enseguida salió de la casa y tomo su móvil, llamando a un número de emergencias, pidiendo una ambulancia.
Dentro, Tom seguía abrazado a su madre, llorando del mismo modo arrebatador, de una forma casi bestial. Los minutos pasaban insaciables, y aquel alarido no saciaba, pero se hizo poco a poco más tenue, hasta convertirse en un llanto ahogado. El muchacho abrazaba a su madre, ahora con el rostro hundido en su cabello, susurrando de manera infantil que abriera los ojos… Que no le dejara solo.
~*~
Horas más tarde, aquella casa estaba rodeada de patrullas y una ambulancia. Los vecinos se amontonaban alrededor de esta, sin acercarse demasiado. El hombre que había llamado a la ambulancia era cuestionado por una reportera. Porque si, enzima de todo había una camioneta de alguna cadena televisiva.
“Esos mamones solamente quieren vender el chisme” pensaba Tom, que se encontraba recargado a la parte trasera de uno de los coches patrulla. Miraba a todos lados con recelo, con los ojos empapados de lágrimas y un pañuelo que nunca uso apretado a su puño. Se cruzaba de brazos y se limitaba a no inmutarse en lo más mínimo, pues sentía que si se movía un centímetro su cuerpo caería redondo al suelo, de lo agotado que se encontraba.
En ese momento llego Gordon, con la respiración entrecortada y una expresión de susto. Miro hacia todos lados, buscando con la mirada a su hijastro. Finalmente lo encontró a lo lejos y se abrió paso entre la muchedumbre, ignorando al oficial que le pedía que se mantuviera alejado.
-¡Tom!- grito el hombre, y el aludido se giro para mirarlo algo de sorpresa.
El hombre se dirigía hacia él, cuando una camilla pasó frente a él. Se quedo petrificado, al observar a aquella mujer dentro de una bolsa blanca, con la piel tan fría como un hielo y los músculos tensos e inmóviles, con los labios morados y los parpados marcados por las venas de estos. Era una imagen espantosa, y para él tan dolorosa como ninguna otra.
Por unos segundos se quedo sin moverse, asimilando lo que acababa de ver, hasta que reacciono y dirigió nuevamente la mirada al hijo de aquella mujer que tanto amaba. Su rostro se había llenado de dolor de repente, en cuanto vio a su madre en aquella camilla, siendo tapada hasta la cabeza, maldiciendo a los cabrones que la llevaban, como si les hiciera mucha gracia serrar la bolsa allí enfrente de sus narices, como si no pudieran hacerlo antes de salir. Se tapo la boca y apretó los ojos, frunciendo el ceño, comenzó a llorar de nuevo, respirando con dificultad.
Gordon corrió hasta el, atrayéndolo a su pecho de forma brusca. Lo más llamativo de Tom era que a pesar de que tenía un aspecto rudo e intimidante, en realidad era muy manso y su cuerpo era muy frágil, e ignorando su estatura, era un indefenso niño consentido, que no estaba preparado para algo como eso.
El hombre lo abrazo con toda la fuerza que fue capaz, casi asfixiándolo. Pero él no protesto y llevo sus manos a la espalda de este, sin poner presión alguna por su parte, y comenzó a llorar de nuevo. Era la primera vez que Gordon le veía de una forma tan indefensa, como un niño confundido, con miedo, aterrado y solo, era la primera vez que le veía llorar, y nunca se hubiera imaginado algo como eso sabiendo que Tom era un chico prepotente y algo machista. Pero en ese momento, sintió el mismo dolor que él, y no pudo evitar derramar algunas lágrimas, mirando hacia el cielo, aguantando aquel dolor. Mas tarde dejaría que este le consumiera en la intimidad de su casa, pues en ese momento tenia que consolarle a él, y seria mala idea echarse a llorar frente a él.
Acaricio el cabello del muchacho con ternura, mientras trataba de ignorar lo que sucedía a su alrededor. En esos momentos, la realidad le parecía demasiado cruel, y sabia que si dejaba que aquello le consumiera, seria demasiado dolor para su cuerpo.
~*~
Al otro dia por la mañana, Tom se dirigia a la universidad en su flamante auto. Se estaciono en un espacio vacio entre tantos coches presuntuosos y sus dueños tan altaneros como adinerados. Bajo de este con una pesades impresionante. Llevaba unas enormes gafas de sol puestas, con la intencion de ocultar sus enrojesidos ojos. Serro la portesuela y se llevo su mochila a un costado, pasando de largo a toda la gente que platicaba animadamente a su alrededor. Se dispuso a entrar a la escuela y tumbarse en su butaca todo el dia, y empezo a caminar ausente del mundo, mirando hacia la nada, sin ningun pensamiento en su cabeza, sin ganas de pensar nada. Sentia que si hacia el intento se volveria loco de un momento a otro; hasta ahora le habia costado mucho mantener la cordura.
A pesar de todo, sus planes fueron frustrados en cuanto vio a dos chicos asercarse con apuro hacia él. Los distinguio de inmediato y bufo de pura fatiga, nadamas imaginarse lo que le dirian le hacia mala ostia.
-¡Tom!- grito el mas grande de sus amigos, con su cabello largo y lasio sobre sus hombros.
Tom ni se inmuto.
Ambos muchachos se pararon frente a él, y fue solo entonces que este se detuvo por inercia, pero no les dirigio ninguna mirada, manteniendo su cabeza firme.
-Hombre ¿Pero que te ha pasado?- pregunto con apuro Georg, mientras lo miraban con extrañesa- ¿Por qué no fuiste anoche a la fiesta?, ¿¡Te volviste loco, o mas idiota!?
-Ni te imaginas Tom- se burlo Gustav, cruzandose de brazos- Anoche el chico Andreas estuvo todo el tiempo con Chantelle, y despues se la llevo a su cuarto a hacer quien sabe que. Eso es perder por una jugada baja.
Georg se rio por la ocurrencia de su amigo, pero se calló en cuanto volvio de nuevo la vista al menor y noto que este no se inmutaba en lo absoluto.
¿Se habria convertido en un zombie?
-Tom... ¿Pero que carajos te paso?- pregunto con nueva insertidubre el chico de cabello largo- ¿Qué tienes ahora...?
-¡¡Tom!!- escucho una voz femenina llamarle a lo lejos y solo entonces alzo la mirada para comprobar que se trataba de aquella rubia.
Bufo nuevamente. No tenía ganas de ver a nadie y mucho menos de escuchar reproches, quería desaparecer en ese mismo instante, que la tierra lo tragara y que nunca tuviera que volver a verle la cara a nadie. Lo único que sabían era pedir explicaciones, sin saber nada de lo que había pasado, y la verdad es que él no tenía muchas ganas de dar explicaciones.
Espero con paciencia que la chica llegara, tal vez reclamándole por no haber llegado a su casa como habían quedado. Probablemente le soltaría una bofetada y le gritaría que era un patán y que no quería saber nada más de él. La idea no le venia muy en gracias, pero no se sentía con las fuerzas necesarias para pedirle perdón y explicarle todo lo ocurrido. La realidad es que no quería hacer recuento de los daños, porque seguramente volvería a soltarse a llorar como un crio delante de media universidad.
Lo que ocurrió cuando Chantelle llego hasta el chico les dejo a los tres anonadados.
-Tom…- hablo con delicadeza la chica- ¿Estas bien?- Se notaba preocupada.
El trenzado volvió a alzar la vista, esta vez con una ceja en alto.
-Yo… si… ¿Por qué preguntas que…?
-Tom, estoy muy apenada por lo que te paso…- empezó a decir la rubia- de verdad que lo siento mucho, debes estar destrozado.
Los amigos del pelinegro se miraron alternamente, y luego le miraron a él, con una enorme interrogante enzima de la cabeza.
-¿Qué es lo que tiene a Tom destrozado?- se atrevió a preguntar el de cabello corto.
-¿Acaso no han visto las noticias?- se dirigió Chantelle a los chicos que seguían sin entender nada.
Tom serró los ojos, maldiciendo a los cabrones de las noticias, recordando que ayer había ido una reportera a su casa en busca de una noticia interesante para cobrarla en cualquiera que fuese su cadena de televisión.
-¿Tom salió en las noticias?- pregunto Georg.
-Claro- afirmo la rubia- ha sido una noticia muy trágica… Todo el mundo sabe lo que ocurrió.
“¡Mierda!” dijo para si el menor. Encima iba a tener que cargar con la atención de toda la escuela. Se planteo seriamente si tendría que regresar a su coche y quedarse allí el resto del día.
-¡Carajo!- musito para si él mayor- parece que “todo el mundo” nos excluyo.
-Bueno…- Chantelle se giro hacia el chico que aun tenía puestas las enormes gafas de sol y contemplaba a los tres presentes discutiendo aquel tema-… solo venia a decirte que estoy aquí para apoyarte… Que cualquier cosa que necesites sabes que cuentas conmigo Tom- aquellas palabras venían vacías pero para el muchacho fueron enormemente bellas.
Chantelle era el tipo de chicas que hacen cosas buenas y se dicen las muy santas para que el mundo entero las ame. Por supuesto su verdadera esencia aflora en las fiestas y rodeada de chicos con uniformes deportivos, pero eso a Tom no le importaba ni en lo mas mínimo. Vivian en un mundo superficial, donde cualquier mierda tenia mas significado que lo que de verdad eran las personas, es por eso que el club de ajedrez y los de matemáticas no eran “cool” en la sociedad, para ese tipo de personas que no sabían ver lo real en los demás y solo buscaban aumentarse el busto y combinar sus labios con sus zapatos.
Tom sonrió por inercia, creyéndose aquellas palabras.
Chantelle pasó una mano por la mejilla del chico y le dirigió una mirada llena de compasión. El muchacho delineo un silencioso “gracias” que solo pudo escuchar la chica, que sonrió al instante y se lanzo a abrazarlo sin ningún pudor.
Después de eso se despidió de los chicos que observaban la escena atónitos y se marcho guiñándole un ojo al menor.
La campana que anunciaba inicio de primera hora resonó en todo el campus, sacando al chico de trenzas de su ensimismamiento.
-¿Nos vas a explicar que fue eso?- le pregunto Gustav que le miraba con algo de gracia.
En ese momento, el muchacho sonrió instantáneamente. La idea no le atraía del todo, pero después de eso tenia que explicarles las cosas, finalmente todo mundo se enteraría pronto, y por lo que dijo Chantelle, probablemente más de la mitad del colegio ya lo sabría.
Pero en ese momento no le apetecía mucho, así que solo los paso de largo y se dirigió hacia los edificios, y detrás de él caminaron los otros dos, aun aturdidos y sin entender nada.
~*~
(http://www.youtube.com/watch?v=o_SChDmSedM&feature=player_embedded)ß ambientalizacion.
Varias horas después, Tom se encontraba conduciendo su coche, ausente de la realidad, con la mirada clavada al frente, como si se hubiera convertido en un fantasma. Iba pensando, recordando.
En la escuela, le había tenido que contar todo a Georg y Gustav, y tuvo que aguantar un silencio incomodo, porque como se imagino, ellos no supieron que contestar ni que decirle. No es que se esperara otra cosa, de echo le había hecho gracia aquella respuesta tan inocente, y lo dejo pasar haciéndose el fuerte. Durante la salida, todo mundo le había visto dirigirse hacia el estacionamiento y marcharse. Y todos se hacían los disimulados y decían cosas en vos baja. Tom tuvo que aguantarse las ganas de romper algunas caras y se limito a marcharse con apuro.
La verdad es que necesitaba que alguien lo consolara, pero era difícil que existiera alguien capaz de consolarle. Excepto claro, su madre…
Camino a casa, le daba cierto vértigo repetir aquella escena. El día anterior se encontraba del mismo modo conduciendo hacia su casa, pensando en la fiesta de Andreas, escuchando uno de sus tantos CD’s de rap que tenia en el cajonero. Y pensar que de un día al otro todo había cambiado tan drásticamente. Y repetir aquella escena le hacia recordarlo todo con lujo de detalles.
Sus ojos estaban aun enrojecidos, y esta vez sus mejillas empapadas en lagrimas. No se podía acostumbrar a la idea, por más que lo intentara, y pensaba que tal vez así seria de ahora en adelante el resto de su vida.
Se preguntaba solo una cosa… ¿Quién habría sido capaz?
Estaba seguro de que si algún día se topaba con aquel tipo, con esa persona que le había quitado lo que mas amaba en el mundo… Si algún día lo tenía enfrente, le aniquilaría con sus propias manos. Le mataría de la forma más cruel y sanguinaria que fuese posible. Su corazón tenía un enorme vacio, y en ese momento solo resolvía a pedir venganza. Quería vengar a su madre, quería que el mundo pagara por su muerte. Quería matar, quería aniquilar la vida de aquel vil ser que no sabia lo que significaba la compasión. Y el no la tendría con él, no tendría ni un poco de compasión. Le mataría como a un cerdo, como a un maldito animal.
Quería muerte, venganza… Eso era lo único que pasaba por su mente.
Venganza, venganza, venganza, venganza, venganza, venganza, venganza, venganza, venganza, venganza, venganza…
La muerte de su madre no se quedaría así… No lo permitiría.
Apretó con una fuerza casi inhumana el volante de su coche, reteniendo un llanto amargo que luchaba por salir. No quería seguir siendo débil… No quería seguir siendo ese niño estúpido y consentido que aunque le costara aceptarlo, era.
Quería que las cosas cambiaran, quería cambiar.
Se dispuso a hacerlo, para no tener que llorar nunca más. En vez de eso tomaría las situaciones por las riendas.
Se acabo el Tom manso, el idiota, el bondadoso… Aquella persona que habia matado a su madre (quien quiera que fuera) lo había matado a él, habia matado ese Tom… Se repitió a si mismo que a partir de ahora, solo tendría una cosa en mente...

"Venganza..."

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Prologo

KÜNSTLICHE LIEBE
BY: PANDORA JR.

*
PROLOGO. "Hurricanes and suns" (parte 1 y 2)
La cámara estaba en "grabar". Aquel hombre la sujetaba con firmeza, apuntando a la joven mujer que tenía enfrente. Por aquellos días, estaban grabando los últimos videos que podían, ya que la mujer tenía más de 7 meses de embarazo y pronto daría a luz.
Ambos habían estado muy entusiasmados con grabarlo todo para que después sus hijos pudieran presenciar lo que había sucedido antes de su nacimiento.
Básicamente se la habían pasado grabando cosas como cuando decidieron de qué color iba a ser su habitación, cuando aun tenía 3 meses y no sabían si iba a ser niño o niña. La sorpresa de cuando les dijeron que no solo iba a ser un varón, si no dos, dejo shockeados a ambos, pero de inmediato acrecentaron su entusiasmo y comenzaron a buscarle nombres a sus hijos.
Hoy, Jörg grababa a Simone probándose ropa nueva de embarazo. Ropa que habían ido a comprar hace un par de horas, y que según el hombre hacia lucir "sexy" a su mujer.
-Quita el dedo de la cámara Jörg- refunfuñaba la mujer.
Su voz se oía en la grabación, pero su rostro no se veía a causa del estorbo.
-Lo siento- se escucho en el fondo, y el dedo que empañaba aquel lente se quito de en medio.
Simone quedo frente a esta, y en cuanto cayó en la cuenta, comenzó a sonreír y poner poses de modelaje frente a dicha cámara.
-Así que conocerán a su guapa madre en su faceta "mamá modelo"- se escucho la voz del hombre que provenía del lado opuesto de la imagen, sosteniendo la cámara.
Simone saludo coqueta a la cámara, guiñando un ojo, jugueteando.
-¿Que les parece?- hablaba dirigiéndose a la cámara Jörg- Lindísima ¿no creen? Ella es su mamá, que me tiene loco.
-¡Jörg!- sonrió la rubia, haciéndose la molesta- los vas a incomodar cuando vean los videos, no seas tan meloso cariño- regaño al hombre en un tono de fingida reprobación.
Por supuesto, aquello también le divertía a ella y al final se hecho a reír junto con su pareja.
Jörg y Simone eran una pareja aparentemente feliz. Llevaban no mas de 2 años de casados y se habían mudado hace 10 meses a su nueva casa que habían comprado con los ahorros de toda su vida.
Eran felices en lo que cavia, pero con respecto a la economía no les iba muy bien.
La casa era modesta, nada de lujos, y había sido una inversión más bien necesaria, ya que pronto formarían una familia. Pero la realidad era que Jörg no ganaba mas de 3mil euros al mes, lo cual le había servido para ganarse la vida cuando estaba solo, y también le había ayudado cuando decidió empezar a salir con Simone. Pero una familia era algo bastante mayor, y considerando aun que se trataba de dos nuevos miembros y no solo uno.
La situación tenía al hombre muy tenso, pero trataba de estar tranquilo para no preocupar a Simone, que en su ingenuidad creía que Jörg realmente podría mantenerlos a todos.
La realidad era mucho más cruel, pero dentro de su burbuja de amor nada les podía afectar... Aun.
Terminaron el video, que duro alrededor de dos horas y media. Después de desfilar toda la ropa que se habían dado el lujo de comprar para des estresarse un rato, habían preparado la comida y puesto música clásica para que los niños aun en el vientre de su madre la escucharan, como según habían oído era algo bueno para los bebés.
Llevaban ya un montón de videos, aproximadamente 3 por cada mes desde que les dieron la noticia de que Simone estaba embarazada.
La cámara la prendieron ya en la noche, de nuevo.
Esta vez Jörg la sostenía con el lente apuntando hacia el, mientras acomodaba el visor. Una vez lista, la dirigió hacia la cama, donde Simone se encontraba recostada con los ojos cerrados y las manos entrelazadas sobre su pansa. Las lámparas de la habitación eran lo único que alumbraba el lugar. Aquel ambiente era de tranquilidad total, cálida y familiar.
-Me encantaría ver ya a nuestros hijos aquí acostados junto a ti, durmiendo- susurro el hombre que se acercaba un poco mas con la cámara en manos, al parecer subiendo a la cama.
-Uno de cada lado ¿no?- sonrió la mujer sin abrir los ojos.
-Claro, como tus cachorritos- se burlo el hombre en tono juguetón.
-Tonto- lanzo un manotazo al hombre quien contesto con una risa que se escucho al fondo de la toma- más bien, uno conmigo y el otro contigo.
-Sera encantador- murmuro Jörg.
Una de sus manos acaricio el vientre de la mujer cariñosamente. Luego, este se situó al lado de la rubia y dirigió la cámara desde arriba hacia ambos. Simone acomodo su cabeza en el hombro de su pareja y siguió con los ojos serrados, relajada y con una pequeña sonrisa grabada en su rostro.
-Esta es su familia hijos- se dirigió Jörg a la cámara- su mami que los espera con mucho amor para ustedes. Los amamos mucho y siempre lo amaremos. Son nuestra razón de vida.
Simone curveo más sus labios y suspiro con felicidad. Pensaba que su vida no podía ser mejor, y agradecía a Dios por las bendiciones que la había dado.
Abrió tenuemente los ojos para mirar a su marido, quien capto su mirada y se la devolvió. Ella le sonrió y movió sus labios, expresando un "te amo" silencioso. Jörg leyó aquellas palabras de su boca y le devolvió la sonrisa, para después depositar un cálido beso en sus labios.
Después de estar un rato mas abrazados sobre la cama, hablándole a la cámara en referencia a sus hijos, finalmente la apagaron y se quedaron dormidos. Aquella noche soñarían con un prometedor futuro, con la vida familiar y todo lo que les venia en camino. Sus sueños eran prometedores y entonces no podían ser más felices.
~*~
Dos semanas después, Simone se encontraba en una camilla de ambulancia, en la sala de urgencias del hospital general de Hamburgo. Inhalaba y exhalaba ruidosamente y gemía de vez en cuando. Jörg sostenía su mano, con un rostro preocupado y desesperado.
Aquello no marchaba de acuerdo al plan. Para empezar, Simone llevaba 27 semanas y media de embarazo, lo que significaba que aun faltaban mas de 4 semanas para que empezara la labor de parto. No tendría entonces porque estar allí aun. Además de eso, llevaban más de cinco horas esperando al doctor, y la joven mujer estaba cada vez peor. Eran las desventajas de los pobres, que no tenían para pagar un doctor particular, y tenían que esperar lo que se les antojara a los muy mamones.
El hombre estaba desesperado y pedía atención a todo el que pasaba junto a el, ya fuera un simple enfermero o un doctor de otra área. Sudaba frio y los quejidos dolorosos de su mujer no lo ayudaban a tranquilizarse.
-Respira hondo, amor- trataba de calmarla-  aguanta un poco más, ya pronto viene el doctor.
-Ahhhh... Jörg, no puedo mas, ¡Dios, ya no aguanto mas!- gritaba desesperadamente esta.
Jörg miraba en todas direcciones, esperando un milagro para que alguien les auxiliara.
Si, era negligente el trato que les estaban dando, pero ¿Qué podía hacer en esos momentos?
En un momento dado, apareció en el pasillo un hombre de bata blanca y barba corta que se acerco apresuradamente a la pareja.
-¿Es usted Simone Trümper?- pregunto con apresuro el doctor.
-Si, es ella- respondió en su lugar Jörg- esta en trabajo de parto. Pero doctor, no se supone que aun tendría que pasar esto.
-¿Cuantas semanas tiene?
-Veintisiete.
-Ya veo- frunció el ceño- parece que tendremos un parto prematuro. Es mejor que empecemos de inmediato antes de que se complique.
Una joven enfermera se situaba a un lado del doctor, acariciando la cabeza de la mujer para tratar de calmarla un poco.
-¿Cuánto tiempo lleva en ese estado?
-Llevamos esperando cinco horas- contesto casi histérico el hombre.
-¿Cinco horas?- se escandalizo el doctor- pero por Dios, tenemos que movernos ¡pero ya!
Y dicho esto, ordeno a la enfermera que empujara la camilla de la mujer hacia la sala de cirugía. Las salas estaban ocupadas, y al parecer no tenían tiempo de esperar a que se desalojaran.
Por cuestión de seguridad, le impidieron pasar a Jörg, quien tuvo que esperar afuera, con el corazón ya prácticamente en la mano.
Antes de que se llevaran a Simone le dijo algo como un "¡Todo estará bien amor! ¡Te amo!" Después de esto, la perdió de vista detrás de unas grandes puertas blancas con ventanillas borrascosas.
El doctor por su parte se encontraba más que preocupado. Cinco horas desde que se había roto la fuente, no era algo bueno, además de que se trataba de un parto prematuro. La cosa no se veía muy bien, y no podía esperar más que un par de horas de tensión.
Se dispuso a trabajar con su equipo que se encontraba ya listo para ayudarle. Simone gritaba escandalosamente, ahogando sus gemidos que salían en forma de gruñidos, entre la mala leche que se traía ya y el dolor asfixiante que estaba soportando desde hace mucho.
Los minutos comenzaron a correr, y desde el pasillo solo se oían los gritos de Simone, que alteraban cada vez mas a Jörg, que caminaba en círculos en aquel extenso pasillo con olor a medicamentos.
Los minutos se convirtieron en horas. Habían llegado a las doce del día y de las cinco que habían finalmente atendido a la pobre mujer, el parto se estaba alargando hasta las ocho de la noche. Y Jörg tenía ya el corazón en el piso y la sangre fría como hielo.
Dentro del quirófano, habían sacado con éxito al primer bebé, que obviamente había tenido problemas para respirar aunque finalmente todo había salido bien, pero el hecho era que estaba prematuro y eso en si no era algo bueno. Las dificultades comenzaron cuando trataron de sacar al otro niño. Este al parecer no se movía, por lo que los feroces pujidos de la mujer no eran suficientes para sacarlo del vientre de su madre. El doctor estaba comenzando a ponerse nervioso, aunque trataba de mantenerse firme para no asustar a nadie, pero el hecho era que el parte se estaba volviendo imposible.
Tras varios intentos de extraer a la criatura de forma natural, su cabecita finalmente se comenzaba a asomar. Lo que el doctor pudo notar lo dejo helado de pies a cabeza. El niño no se movía en lo absoluto, y esto apenas lo pudo notar porque efectivamente, era simplemente imposible sacarlo si el no se movía por si mismo. Y en el acto, resultaba que la criatura estaba completamente flácida, cosa innatural.
El doctor sabía lo que ocurría. Tuvo que actuar inmediatamente.
-Preparen bisturí- ordeno con la voz mas firme que pudo dar- tendremos que sacarlo en cesárea.
-Pero doctor... ¿Por qué?
-... No estoy seguro de que el niño este vivo, pero de cualquier forma, no podremos sacarlo de este modo, y solo retardaremos mas el parto.
La cosa era que llevaban más de una hora tratando de sacar a este último. Simone se encontraba casi inconsciente ya, estaba dando todo lo que podía, pero ahora se encontraba sumamente agotada.
Sin embargo, aquello último le había devuelto a la vida, de la forma más brusca posible.
-¿Como que no esta vivo?- hablo en un murmullo casi inaudible. Le pesaba incluso hablar ahora.
-Relájese señora- dijo una de las enfermeras, ignorándola por completo- vamos a proceder a realizarle una cesaría.
-No... Mi hijo- comenzó a pronunciar en tono más audible- ¡¿mi hijo esta muerto?!... No, mi hijo no, por favor ¡Doctor, por amor a Dios! ¡Sálvelo!
La voz de Simone se había vuelto gritos desesperados, y sus ojos comenzaron a inundarse de lágrimas.
El doctor se encontraba en una situación muy incomoda. Que mas quisiera el... Pero él no tenía control de eso.
Prosiguieron con la cesaría, anestesiando un poco demás a la mujer para que se calmara. Y las horas siguieron avanzando, y con cada segundo que marcaba el reloj, las cosas se ponían aun peor.
Dentro del quirófano, todo el equipo estaba en movimiento, tratando de salvar una vida que tal vez ya no podía ser salvada.
Afuera de este, un padre inquieto se estaba muriendo prácticamente de los nervios. No solo por el parto que se estaba realizando, pues en su ingenuidad, trataba de pensar que todo iba bien.
Existía otra preocupación que pronto se haría notoria. No tenía para pagar el hospital y lo sabia, lo que había ahorrado en estos ocho meses no era mucho, y al parecer no había previsto los gastos extras que seguramente se necesitarían.
Pero no era muy su culpa, era pobre y aunque había buscado por todos los medios mas dinero, no lo había conseguido, y esperaba que su jefe le adelantara cuatro meses de sueldo (esto significaba, cuatro meses sin paga) la próxima quincena, pero esto había sido antes de lo previsto, y conociendo a su avaro jefe, no podía esperar compasión de él.
¿Qué hacer ahora? Rezar por un milagro, no importa si venia de Dios, o del mismo diablo.
Jörg necesitaba un milagro.
~*~
Dieron alrededor de las diez de la noche, cuando finalmente aquella sala se encontraba en silencio. Simone se había quedado dormida después de los sedantes que le habían obligado tomarse. La razón: después de que habían sacado al bebé muerto de su vientre, no la pudieron controlar más que con eso.
El doctor se limpiaba las manos con un trapo. Estaba del otro lado del quirófano y fruncía el ceño con evidente frustración. Odiaba cuando pasaban cosas como esas, no soportaba ver a una criatura tan indefensa morir de esa forma, sin haber visto siquiera la luz del día. Odiaba tener que darles esas noticias a los padres y mirarles retorcerse de pena y dolor por la perdida. Era devastador, para él, era el castigo más grande del mundo.
Una enfermera entro a los cuneros con el bebé que había sobrevivido en brazos. Si, estaba vivo, pero eso no significaba que el peligro para él no
Existiera, este aun podía morir también si no se le atendía.
Jörg se encontraba frente al vidrio, esperando con emoción la llegada a los cuneros de dos hermosos recién nacidos, igualitos en todas facciones, que distinguiría en seguida como sus hijos. Tal vez aquello le quitara la preocupación que tenia, tal vez con eso podría fortalecerse de nuevo y no perder esperanzas. Sin embargo, en el momento que vio entrar a aquella muchacha con un solo niño en brazos y depositarlo en uno de los cuneros, frunció el ceño, sin entender nada.
La joven salió de allí, y Jörg se dirigió a la puerta, esperándola para preguntarle.
-Disculpe señorita- le llamo el hombre cuando esta hubo salido del lugar- ¿No han traído aun a los recién nacidos de la señora Trümper?
-¿La mujer de emergencias? Si, acabo de dejarlo en el cunero numero 23.
-... Pero, son dos niños, son gemelos.
-Discúlpeme señor, a mi solo me han entregado un niño. Pregúntele al doctor Wolfgang directamente.
-... Ok, muchas gracias.
La muchacha sonrió amablemente y se marcho. Jörg se quedo tieso en su lugar, sin entender que acababa de suceder. A que venia esto... Dios, necesitaba hablar con el doctor pero ya.
En ese momento salió con semblante sombrío el doctor que había atendido a Simone, y se poso justo frente a Jörg, quien le miro aun expectante y congelado en su lugar.
-Doctor...- pronuncio con dificultad-... ¿Donde están mis hijos?
El doctor Wolfgang suspiro ruidosamente. Sabia que tenia que decírselo, pero que difícil era dar ese tipo de noticias.
-Señor, como usted sabe, su mujer no estaba en el mejor estado. Tuvo un parto prematuro y había esperado ya mucho tiempo desde que la fuente se le rompió... Hemos hecho todo lo que ha estado en nuestras manos, y hemos sacado al primer niño con éxito- mientras hablaba, notaba como el hombre que tenia enfrente se tensaba cada vez mas, y su mirada se volvía de angustia total- pero hemos tenido complicaciones con el segundo bebé... Todo se ha puesto difícil y hemos tenido que realizar una cesárea para extraerlo- Jörg respiraba con dificultad, al parecer esperando algo en concreto, y el doctor decidió que no le iba hacer sufrir mas tiempo- el segundo niño... a nacido muerto, al parecer se asfixio dentro con el cuerpo de su gemelo.
No hubo ninguna respuesta, ni un grito ni un gemido ni siquiera algún movimiento por parte del hombre.
Nada.
No había forma de que Jörg reaccionara, no podía ni siquiera pestañear. El doctor le miro con semblante serio. Jörg estaba asimilando, pero dentro de él algo se acababa de morir... Algo se acababa de partir en mil pedazos y se había desangrado abruptamente. Algo le decía que quería morirse en ese mismo instante.
Su corazón, o su espíritu tal vez. No supo distinguirlo.
-Lo lamento mucho señor... su mujer esta en la sala durmiendo, puede pasar a verla si gusta.
Un silencio fúnebre se formo en el lugar. Jörg miraba al piso sin ninguna expresión en su rostro. Era como si su alma se hubiera desprendido de su cuerpo, y este no tuviera vida alguna.
-Con su permiso...- pronuncio el doctor, desviando la mirada.
Se retiro, dejando al hombre en su estado de shock. Este camino por inercia hacia los cuneros, sin tener control de su cuerpo. Se poso frente al vidrio y miro al pequeño niño que estaba dormido en uno de ellos.
Su mirada era indescriptible, no reflejaba ninguna emoción, solo estaba allí parado, ausente de la realidad.
¿Es posible que la vida te odie tanto para darte esa clase de castigos?
Jamás imagino que algo así pudiera pasarle a él, pero se resolvió en que era cosa de azar, que no podía elegir y que tenía que aguantarse. Claro que decirlo era mucho más fácil que hacerlo realmente.
-Finalmente ha nacido ¿eh?- escucho a un lado de él, una voz conocida que le hizo girarse.
-... Señor Bowie- pronuncio con extrañeza- ¿Qué esta haciendo aquí...?
-Alguien me dijo que no había ido a trabajar porque su esposa iba a dar a luz... Así que quise venir personalmente a comprobarlo.
Aquel hombre alto y de ojos azules se encontraba inmutable, parado junto a él, dirigiendo aquella mirada profunda y casi aterradora hacia los cuneros, buscando entre los niños al hijo de su empleado.
-¿Cual es?- pregunto con seriedad.
-... El de la 21- hablo aun consternado, mirando a su jefe con el ceño fruncido.
No era cosa muy suya el interesarse por sus empleados y su vida personal, el señor Bowie era un hombre frio e inmutable que no solía importarle la gente, era solitario y misterioso.
¿Qué hacia entonces tomándose la molestia de ir a verle solo porque no había ido a trabajar?
-¿No se supone que iba a tener gemelos, Kaulitz?
-Si... El primero tendría el nombre de Tom, y el segundo se iba a llamar Bill...- se palpaba la nostalgia que sus palabras expresaban, cuando suspiro dirigiendo de nuevo la mirada al cunero- pero el segundo nació muerto...
David Bowie dirigió una furtiva mirada al hombre, alzando una ceja, sin importarle mucho el dolor que aquella noticia significaba para su empleado.
-¿Y el cuerpo de la criatura?
Jörg lo miro confundido, sin entender a que venia aquella pregunta.
-No lo se. Apenas hace unos minutos sacaron a mi hijo.
-Entiendo...
Después de esto, hubo un silencio embalador, ninguno de los dos tenia intenciones de seguir la platica. Jörg trataba de calmar todo el dolor que sucumbía su cuerpo, principalmente porque no le agradaba la idea de ponerse a llorar frente a su jefe.
Pasaron varios minutos antes de que alguno de los dos hablara. El primero fue el señor Bowie.
-Kaulitz, le propongo un trato.
Jörg volteo a verlo confundido.
-¿Un trato?... ¿Qué clase de trato?
-Usted necesita el dinero para pagar el hospital ¿no es así? Recuerdo que me había pedido un adelanto de cuatro meses para pagarlo. Sin embargo, estoy calculando que con todos los inconvenientes que ha tenido... Ese dinero no le servirá ni para la mitad de todo lo que necesita, sin mencionar que su hijo necesitare tratamientos especiales y medicamentos, ya que ha nacido prematuro ¿no es así?
El hombre frunció el ceño. ¿Quien le había dicho que su hijo había sido prematuro?
-Señor... No tengo nada, lo que tengo no me alcanzara... no tengo idea de que hacer.
-Seguramente...- interrumpió fríamente el hombre-... Si no atiende a su único hijo, este podría morir también. ¿Sabe a lo que se atenta Kaulitz?
 Jörg guardo silencio. Sus preocupaciones crecían a cada segundo.
-¿Por qué me dice esto?
-... Kaulitz, yo le pagare todos los gastos que necesita cubrir. Con el hospital y los medicamentos.
Aquello impacto al hombre, que de inmediato le dirigió una mirada de tremenda sorpresa.
-¿Esta hablando enserio señor?
- Yo nunca bromeo Kaulitz- miro con sus ojos profundos e inexpresivos hacia el cunero- como dije, le propongo un trato. Yo cubriré todos los gastos, sin cobrarle un centavo. Podrá salvar la vida de su hijo y dejar de preocuparse de las deudas que tiene...
-... ¿Qué es lo que quiere a cambio?- pregunto dudoso el hombre, con la respiración algo agitada, un tanto emocionado.
¿Le estaba hablando enserio?... No podría ser tan bueno ¿o si?
-Kaulitz... Lo único que quiero... Es el cuerpo de su hijo... El cadáver de su otro hijo.
Fue entonces que el hombre perdió la respiración momentáneamente.
-...- el silencio se hizo presente de nuevo, y esta vez era mucho mas pesado de lo racional-¿Qué me esta diciendo?
-Kaulitz, es muy simple- suspiro el otro- yo le doy todo lo que necesite, y a cambio, usted me entrega el cuerpo sin vida de su hijo.
La frialdad con la que lo decía aterraba al pobre hombre.
-¿Para que lo quiere?- este miraba la suelo, confundido y aterrado.
-Eso no es lo importante. Tómelo o déjelo Kaulitz.
-... No puedo hacerlo.
-Piénselo bien. Ese cuerpo ya no es su hijo, ya no le sirve de nada... Aun puede salvar a su otro hijo, si toma una decisión sabia.
-Señor, esa es algo inmoral...
-¿Inmoral?, ¿Dejara que su único hijo que aun esta vivo muera por defender la moralidad? ¿Dejara que le lleven a prisión por no pagar su deuda con el hospital, dejando a su mujer desamparada y sola por defender la moralidad?, ¿Que arruinen su vida y lo que le queda de sus esperanzas por la moralidad?... Kaulitz, en este mundo, uno pelea por su propio beneficio, si mira por la moralidad y lo que esta "bien" terminara perdiendo. Yo le ofrezco salvar eso que le queda de vida, lo único que tiene que hacer es darme algo que de todas formas ya no puede revertir, ya no es una vida, ni es su hijo... Ya no tiene nada que perder Kaulitz.
-...
El hombre se lo planteo seriamente. ¿Seria capaz? Su vida se estaba yendo de sus manos en un abrir y serrar de ojos.
Después de todo lo que había esperado por este momento, después de aquella momentánea felicidad que había vivido los últimos ocho meses... ¿Este era el precio que tenia que pagar? no quería perderlo todo. Ya había perdido una parte. Un hijo. ¿Podría perderlo al otro?, ¿A su mujer?, ¿Su vida?...
-Yo... No lo tengo aun. Además seguramente, Simone no estará de acuerdo.
-Ella no tiene porque saberlo. Pueden hacerle un funeral y una ceremonia digna, despedirse de él, y nunca tendrá porque saber que en realidad el nunca fue enterrado.
Las palabras de aquel hombre aterraban de sobremanera a Jörg, sonaba tan frio y cruel que no estaba seguro de que entendiera lo que significaban para una persona normal. Sin embargo, sabía que no tenía otra opción.
"Estas atrapado Jörg. O lo tomas, o mueres."
Era tan simple como eso. Pero ¿Se lo perdonaría a si mismo?
No estaba en circunstancias de decidirlo.
El silencio fue el único testigo de que aquella noche, ese hombre ingenuo y desesperado, pactaría un trato con el mismo diablo... Y sus decisiones le llevarían a condenar a toda su familia.
-Se lo entregare en cuanto me lo den- susurro el hombre, con la cabeza agachada y temblando la voz.
Era obvio que aquella decisión lo apenaba y lo hacia sentir la peor basura del mundo.
Pero al otro hombre, aquello no le importaba en absoluto.
Una sonrisa macabra de dibujo en el rostro de este, orgulloso de haber conseguido lo que había ido a buscar desde un principio.
Aquel momento seria el principio del final.
~*~


PROLOGO (PARTE 2).
El tiempo había pasado. Aquel pequeño bebé que había nacido el 1 de septiembre de 1989, que había estado casi un mes en el cunero, ahora se encontraba en brazos de su madre que se media con fatiga sobre una silla al rincón de una pequeña sala. La tarde estaba cayendo y la luz que se filtraba por la ventana alumbraba la pequeña figura de la mujer rubia que miraba con nostalgia al niño que cargaba en brazos.
El tiempo parecía haberse llevado el recuerdo de todo aquello que había sucedido hace apenas tres meses. Pero para Simone, todo aun era tan palpable. Todo ese tiempo que estuvo en el quirófano, todo el dolor y el miedo a perder a su hijo... Y cuando vio a lo lejos el cuerpo inerte de su criatura.
Las lágrimas comenzaron a caer por su mentón. Nada había vuelto a ser igual desde entonces. Ella no había terminado de superarlo del todo, y sentía impotencia y odio por todo mundo, sentía un enorme rechazo por todo aquel que se le acercara, era como si hubiera perdido la capacidad de amar.
Jörg había sido la principal victima de su mal humor. Últimamente el ambiente familiar se había vuelto pesado y difícil de conllevar. Simone solía dormir en un sofá que estaba en la habitación de su hijo y se la pasaba con el en brazos, sin hacer mucho en casa, sin decir nada cuando estaban juntos, parecía como si se hubieran convertido en un par de desconocidos. Era insoportable aquel aura de indiferencia.
Ese día Simone no había hecho más que estar sentada allí, dándole de comer a su hijo y mirándolo dormir. Últimamente solo tenía cariño para su hijo, no era capaz de ofrecerle cariño a nadie más que él, y eso era sumamente doloroso para la pobre mujer.
El tiempo corría lentamente, pero a ella no parecía importarle, como si estuviera dentro de una burbuja donde nada mas le importaba. La vida misma le parecía ya incolora y sinsabor.
En ese momento, la puerta sonó con un insistente toquilo que irrumpió el silencio que envolvía a la madre. Molesta, se levando con fatiga y se dirigió hacia la puerta con su bebé en brazos. Llego a esta y la abrió de mala forma, pero de inmediato, su expresión cambio, al encontrarse con aquel hombre rubio y alto que ella tanto anhelaba conocer.
Sonrió sin gracia, en un acto de educación.
-¿Es usted el señor Bowie?- pregunto con una voz cortada. Se sorprendió al notarlo, cayendo en la cuenta de que seguramente había enfermado después de dormir en aquel sofá tanto tiempo y destapada.
-Así es- contesto con frialdad- Usted es la esposa de Kaulitz- fue mas una afirmación que una pregunta, pero ella asintió con la cabeza-  Simone Trümper ¿no?
-Si señor- agacho la cabeza dirigiendo la mirada a su hijo en brazos- me da mucho gusto verlo, desde hace mucho he querido darle las gracias por lo que ha hecho. Es usted un hombre muy bueno, Dios lo bendiga…
-Yo no he hecho nada mas que ver por mis propios beneficios- le cortó el otro, con una seriedad aterradora.
Simone lo miro algo impactada. No se esperaba que aquel que había salvado a su familia fuera un hombre tan frio.
-Pero…- trato de continuar-… ¿No ha sido que usted quien a pagado las deudas del hospital y las medicinas de mi hijo en un acto de nobleza?
-No ha sido por nobleza, eso se lo aseguro. Kaulitz ha hecho un simple trueque conmigo y yo solo le he pagado el precio que valía lo que me ha dado.
Simone se quedo pensando unos segundos… ¿Qué podría valer todo lo que había hecho por ellos?
David Bowie sonrió tétricamente. Simone casi pudo ver una ráfaga de fuego impregnada  en los ojos de este. Algo no estaba bien, y comenzaba a sentir que su corazón palpitaba más fuerte.
¿Por qué?... Tal vez es que ese hombre simplemente era aterrador.
-¿Qué es lo que quiere?- pregunto algo mas tensa. Ya no pensaba que aquel hombre fuera precisamente un santo.
El volvió a sonreír- he venido a despedirme. Me voy ahora mismo del país, y me he querido tomar la molestia de dejarle un recuerdo a Kaulitz- en ese momento, Simone noto que este traía un sobre blanco y grande entre sus manos, que inmediatamente miro con incertidumbre- pero al parecer no esta en casa ¿o si?
-… No- respondió con el ceño aun fruncido- aun no regresa de trabajar.
-Oh… Bueno, tal vez seria inoportuno decírselo pero, esta tarde todos mis empleados serán despedidos, por lo que Kaulitz volverá a estar en banca rota- sonrió de nuevo- cosa que a mi no me importa en lo mas mínimo… Y ya he pagado lo que le pedí, ya no tiene nada que me pueda servir por tanto no me interesa lo que pase con el.
La joven madre miraba con desapruebo a aquel hombre.
-¿Cómo puede ser tan desconsiderado?- le reclamo.
-Da igual… Señora, le pido que por favor le entregue esto a Kaulitz- le extendió una mano sujetando aquel sobre.
Simone dudosa, lo tomo con una mano, cargando como pudo a su hijo.
-¿Qué es…?
-Oh, puede verlo si quiere- se dio media vuelta y comenzó a andar hacia una limosina estacionada frente a esa modesta casa- pero le advierto que puede  ser demasiado fuerte para usted.
-¡Espere!- le llamo ella alzando la voz- ¿Qué fue lo que Jörg le dio a cambio de su ayuda?
Aquella pregunta era la que mas esperaba David, la que mas le emocionaba, así que curveo una notable sonrisa con sus labios, cosa que tenso aun mas a la pobre mujer que lo contemplo en medio de la casi total oscuridad que abrazaba el ambiente.
-Si quiere saberlo… Abra el sobre- hablo con un tono tan fuerte que a Simone le helo la piel inesperadamente- aunque yo le recomendaría… Que dejara todo como esta, y siguiera agradecida por lo que tiene.
Y dicho esto, camino hacia la limosina y se subió en ella, dejando pasmada a la pobre mujer, que como pudo, cerró lentamente la puerta y se tambaleo hacia la sala, arrojando en el sofá aquel sobre.
Abrazo con fuerza a su bebé, con los ojos húmedos, a punto de estallar en llanto.
Miedo.
Era todo lo que sentía en ese momento. Enorme miedo, a aquel hombre, a aquel sobre y a lo que pudiera suceder si lo abría. Si le había dicho la verdad, entonces sabía que aquel sobre era todo lo que necesitaba para saber toda la verdad.
Pero las palabras de David le habían dejado helada…
Aunque yo le recomendaría… Que dejara todo como esta, y siguiera agradecida por lo que tiene.
¿De verdad era tan malo?... ¿Qué demonios había hecho Jörg?... ¿Tenía que averiguar que sucedió en realidad?, ¿O seguir creyendo que aquel hombre había hecho un buen acto porque si?... Bueno, eso ya no podía creerlo.
De repente, todo se había vuelo tan misterioso y aterrador, que le atemorizaba incluso voltearse sobre su hombro, pues temía que aquel hombre estuviera parado frente a la ventana sonriendo diabólicamente.
Su sangre ya no corría, y sus ojos ya no parpadeaban. El corazón se le había detenido en un segundo… Lo único que captaba su vista era aquel sobre. En medio del miedo, su cabeza dejo de razonar.
Y se dirigió hacia el sofá y acostó con cuidado a Thomas aun dormido. Y se incorporo casi sin parpadear aun, mirando con recelo el sobre, debatiéndose internamente entre tomarlo o no. Y lo tomo. Lo llevo hasta sus manos temblorosas y rasgo la parte de arriba con nerviosismo. Saco entonces de su interior lo que parecían ser unas fotografías y radiografías de lo que parecía un niño… ¿Era un niño?... No parecía humano siquiera, parecía haber sido mutilado y cortado en pedazos… ¿Acaso era un experimento?
Simone comenzó a marearse, se tapo la boca tratando de evitar salir corriendo al baño para vomitar. ¿Qué clase de monstruo haría algo así?
Entre aquellas fotos, cayó al piso una pequeña hojita que levanto instintivamente y miro unos segundos antes de poder diferenciar un pequeño mensaje escrito en ella. Lo leyó con dificultad a causa de la oscuridad que ahora prevalecía a su alrededor. La luz de la farola de la calle era lo único que le servía de lámpara.
Y dentro de aquella oscura sala, la figura de la mujer cayó de rodillas al suelo, soltando un tremendo gemido, seguido de gritos ahogados en un llanto tétrico. Las fotografías se resbalaron entre sus manos y terminaron de cualquier forma en el piso, junto con su pesada figura.
La respiración de la mujer se volvió agitada y en algún momento, un grito inundo aquella casa, de dolor y miedo… En ese momento, se arrepintió de haber abierto aquel sobre que condenaría su vida para siempre.
~*~
Aquel hombre llego a su casa, cansado de un largo día de trabajo. Para desgracia suya, acababan de despedirlo, puesto que el señor Bowie se iría del país. Nadie sabía porque, había sido una decisión tan súbita como misteriosa. Se iba solo y nadie sabía a dónde, aunque muchos decían que se mudaba a Canadá junto con un niño que acababa de adoptar. A Jörg aquello se le hacía de lo más extraño, pero no le había quedado más remedio que callarse y recoger sus cosas.
No sabía que iba a hacer ahora, en especial porque seguramente Simone se iba a poner de un genio horrible. Mucho le pesaba desde hace tres meses su mujer, que se había vuelto de lo más fría y malhumorada. Sin embargo, no podía negar que aun con eso la amaba con su vida, y eso era lo que más le pesaba.
Entro entonces a su casa, notando al cruzar el umbral de la puerta que algo no estaba bien. El silencio era arrebatador y la oscuridad le cegaba. Como pudo, camino hasta la sala e intento prender la luz con el interruptor, pero al presionarlo, noto que este no servía. Alguien había cortado la energía.
Nervioso, camino hasta el comedor, donde tampoco había nadie.
-… ¿Simone?- pregunto al aire, y no obtuvo ninguna respuesta.
De pronto, un pequeño bostezo le hizo girarse en dirección a la cocina. Había sido el bostezo de un bebé recién despertado. Y tragándose el miedo que de repente le había invadido, se dirigió a la cocina, topándose con su mujer sentada en el suelo, cerca de la puerta hacia el jardín trasero.
-Simone…- pronuncio bajo, tratando de verla bien en medio de la oscuridad.
Lo que presencio fue un rostro empapado de lágrimas y una expresión vacía que daba a entender que se trataba de una loca o alguien que acababa de morir en vida.
-Tú…- murmuro con toda la tranquilidad posible-… eres… un monstruo.
Y comenzó a temblar con su hijo en brazos, que la miraba atento, con los ojitos bien abiertos, contemplando aquella indiferencia.
-Cariño ¿Qué…?
Simone lo interrumpió alzando un cuchillo afilado en dirección a su rostro, de una manera violenta y descuidada. Jörg tuvo que retroceder o le hubiera cortado la cara de un rajo. Ella le dirigió entonces una mirada llena de odio, perturbación, dolor, miedo… Un montón de sentimientos que se perdían en la agotada faz de la rubia.
-Vete... Jörg- las palabras le salían como un susurro, con dificultad y pesadez- o te juro… que… te mato…
-…Simone- extendió una mano en dirección a ella, pero esta levanto mas la navaja.
-No te me acerques… Eres un monstruo… Tu… ¿Cómo… pudiste?
El pobre hombre no entendía nada. En algún momento, dirigió su mirada hacia el suelo, y se encontró con un montón de papeles tirados, un sobre blanco a un lado… Dirigió una mano hacia ellos y levanto uno.
Su rostro se lleno de miedo e incertidumbre.
-¿Qué es esto?- pregunto con asco y terror.
Entonces, su mujer levanto su otra mano, enseñándole una hoja que mantenía aferrada con fuerza a su puño y que había arrugado momentos atrás.
Jörg la tomo con recelo, calculando terreno para no molestar a su recién enloquecida mujer.
Abrió inmesuradamente los ojos cuando leyó lo que decía.
-No- pronuncio en un susurro cargado de dolor. Había sido más un gemido.
Por unos segundos, el silencio reino. Lo único que se escuchaba era la fuerte respiración del niño que contemplaba con inocencia a su madre.
-… ¿De dónde sacaste esto?- pregunto después de un rato.
-Tu… Le regalaste… nuestro… hijo… a ese hombre...
-Simone… no entiendes- bajo la cabeza, apartando la vista de aquellas aterradoras fotografías- no tenía otra opción.
-Pudiste… haberte negado…
-No era tan fácil.
Una sonrisa llena de ironía salió del rostro de la joven.
-Eres… Un monstruo-
-Simone…
-Vete…- lo interrumpió, serrando los ojos, comenzando a agitar su respiración- no quiero volver a verte en mi vida Jörg…
-Simone, escúchame…
En ese momento, la pobre madre perdió todo el juicio que le quedaba, y en un arrebato de rabia y dolor, se abalanzo hacia su esposo con cuchillo en mano, haciéndolo retroceder y caer de sentón al suelo. Y ella lo acorralo, poniendo la navaja en su cuello, mirándolo de una forma desquiciada. Y Jörg no pudo moverse más, solo contemplar la inhumana mirada de la mujer a la que tanto amaba.
-Si no te vas…- pronuncio casi con gracia la rubia-… te juro que te matare en este momento, maldito desgraciado.
Jörg la miraba a los ojos, tratando de reconocer a la bestia que tenia encima de él.
Hasta que un llanto pronunciado y molesto emano de la criatura que ella sostenía de mala forma en sus brazos. Simone desvió por un segundo la vista hacia él, dándole el tiempo suficiente a su esposo para que se incorporara. Y en un acto reflejo, ella clavo aquel cuchillo de forma descuidada en alguna parte de su cuerpo. Y termino enterrado en uno de los costados de su marido. Este se doblo de dolor al momento.
Todo había sido demasiado rápido para reconocer los movimientos que habían hecho. Un segundo después, Jörg miraba fijamente a su mujer, y ella le devolvía la mirada, igual de desquiciada, y ahora mas temerosa que antes.
Simone se hecho para atrás, con los brazos y piernas temblando. Thomas seguía llorando insaciablemente, y ella apenas pudo reaccionar para apretarlo en un abrazo que necesitaba más ella que él. Sus piernas flaquearon y cayó al suelo, en la misma posición en la que se encontraba cuando Jörg llego.
Este, por su parte, hecho a caminar hacia la salida, convaleciéndose de dolor. Salió por la puerta de entrada, tirando en su camino aquella navaja que acababa de extraer de su carne. Y hecho a caminar hacia la calle, tratando de alejarse lo más que pudo de la casa antes de pedir ayuda. No quería que nadie supiera que había sido su mujer la que le había causado esa herida.
Esa fue la última noche que Simone vio a su marido. La luz de aquella farola de la calle había sido testigo de la escena que habían armado. Minutos más tarde, la rubia se quedaría dormida en el piso de esa sucia cocina, con su hijo llorando en brazos, dejando la puerta abierta, dejando la navaja ensangrentada en el piso de la sala, dejando aquellas aterradoras fotos en el suelo, y esa nota escrita en tinta que le había destruido la vida, no solo a ella y a Jörg, si la de su hijo y de sus seres queridos:

Le presento Bill, su hijo. Ahora sabe que hice con él. Espero que su curiosidad llegue hasta aquí Kaulitz. Hasta nunca.
~*~
Años después conocerían la verdad que Simone había decidido en ese momento ocultar de la faz de la tierra.
Y aquellos videos que había grabado con Jörg durante esos ocho meses quedarían en el olvido, guardados bajo llave, ocultos del mundo, de forma que nadie jamás supiera lo que realmente había sucedido con esa familia.
Thomas jamás sabría que había tenido un gemelo, y que había nacido muerto y vendido a un loco que le había mutilado de la forma más perversa e inhumana. Aquella felicidad seria ocultada del resto del mundo por siempre.
O al menos eso es lo que en ese momento, Simone había resuelto. Thomas jamás vería esos emotivos videos, porque de esa forma no sabría que algo no había estado bien desde el principio.
El no tenía la culpa.
Pero no podría ocultarle la verdad para siempre.
~*~
Lejos de allí, un avión partía de alguna residencia privada cerca de la costa.
Dentro de él, un hombre alto y rubio sostenía casi con cariño el cuerpo de un bebé en brazos.
Lo miraba de reojo, sin inmutar su expresión fría. Contemplaba su rostro, era una criatura bellísima, de facciones finas y una piel tan clara que casi era transparente.
Si la naturaleza desde el principio se había esmerado en él, la tecnología que este hombre había utilizado para regresarle la vida había ayudado en otro tanto.
No era demasiado difícil, solamente tuvo que remplazar algunos órganos internos y poner algunos aparatos para que su corazón volviera a bombear artificialmente.
David Bowie había aprovechado la situación para implantarle un par de cositas mas, volviendo su cuerpo humano en un apartador de energía recargable, listo para ser usado en cualquier momento. En simples palabras, un androide… Un humanoide.
Claro que aquel hombre había decidido esperar hasta que este creciera mas para que su cuerpo fuera de mayor utilidad. Pero de todas formas, era como si David acabara de dar a luz a un niño, mucho más especial que uno cualquiera, pero de igual forma, un niño.
La idea no le hacía mucha gracia, pero si era lo que tenía que hacer para obtener fuerza y poder, entonces valdría la pena.
-Tu serás mi boleto al éxito…- murmuraba a lo bajo, sin que los empleados que estaban por allí, apresurados preparando sus cosas lo escucharan-… Juntos lograremos cosas enormes, y tú serás sin duda un ser invencible, poderoso y tremendamente fuerte- siguió, mientras la criatura tan despierta y curiosa, sostenía con fuerza el dedo índice del hombre-… y por supuesto, serás mi fiel esclavo… Tú me llevaras a lo más alto de este podrido mundo… Bill.
El tiempo se llevaría consigo la inocencia de aquel niño, y entonces es que el mundo conocería la fuerza que este poseía.
Pero para eso, aun faltaba muchísimo.
Sin embargo, el destino le tendría otra misión.
Él no era un alma mala.
Solo una demasiado desafortunada.
Minutos después, el cielo se trago aquel avión, desapareciendo entre las nubes de aquella noche inmutable.
Se había marchado, pero no para siempre.
El tiempo devolveria todo a su lugar.

Everytime - Britney Spearce

ANGEL - SARAH MCLACHLAN

In the end (linkin park) -Piano