KÜNSTLICHE LIEBE
BY: PANDORA JR.
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CAPITULO 1. "Noise"
El invierno empezaba ha caer sobre Alemania, aunque la nieve aun no se hacia presente. Eran los últimos días de noviembre, y las vacaciones de fin de año se acercaban.
El aire resoplaba con rudeza sobre las copas de los árboles del jardín de aquella universidad. Los alumnos empezaban a dispersarse por el campus. Las clases habían acabado por hoy, al menos para Tom. El chico caminaba con despreocupación por el largo camino empedrado que dirigía hacia el estacionamiento, donde se encontraría su Audi ultimo modelo esperándole. Simone, su madre, se lo había regalado en su resiente cumpleaños numero 19.
La situación de aquella mujer había cambiado desde hace mucho... Ahora era una exitosa diseñadora y tenía una boutique en un centro comercial. Mucho le había servido el conocer a Gordon, con quien se casaría la próxima semana, ya que este si no era rico, tampoco estaba en banca rota.
Gracias a esto, su hijo jamás tuvo que sufrir las incomodidades de una vida de pobres y mucho menos las tragedias que habían sucumbido a la familia antes de que el tuviera uso de razón. Por supuesto, Tom no tenia ni idea de cual había sido la verdadera razón por la que no tuvo un padre a su lado, pero esto a el no le importaba lo mas mínimo. Era feliz con su vida de aparentes lujos y amistades de a montón en su facultad.
Estaba estudiando diseño grafico, no tanto porque fuera una carrera favorable para su economía, si no que se había dado el lujo de estudiarla simplemente porque le gustaba.
Para entonces, Tom no tenia muchas preocupaciones, y en lo único que iba pensando mientras caminaba con unos auriculares en los oídos, ausente de lo que sucedía a su alrededor, era en lo que se pondría para la fiesta de esta noche.
Llego al estacionamiento y se encontró a dos de sus mejores amigos. Les sonrió en cuanto ellos captaron su presencia y camino hacia ellos quitándose los audífonos de los oídos.
El mayor de los dos le saludo agitando la mano en el aire.
-¡Hey, Tom!- le llamo un par de pasos a distancia.
-Tranquilo hombre, que no me voy a ningún lado- sonrió el chico de cabello trenzado.
-Georg anda todo alborotado por la fiesta de hoy- concluyo el otro chico que estaba a su lado.
-¿No me digas?, No es la primera vez que te invitan a una fiesta universitaria ¿o si Georg?- bromeo este.
Georg achino la mirada, haciéndose el ofendido.
-Anda mamón, sigue haciéndote le chistoso ¿eh?- lo empujo en son de juego y ambos comenzaron a forcejear tratando de tumbar al otro.
Gustav por su parte, saco de su bolsillo un cigarro y se lo llevo a la boca, prendiéndolo en el acto.
Después de unos segundos, los dos amigos dejaron de pelear y comenzaron a reír vivazmente.
-Parecen un par de críos saliendo del parvulario ¿sabían?- bromeo Gustav.
-Vamos, yo no tengo la culpa de ser feliz ¿o si?- contesto Georg.
-Claro...- rio Tom- que mamonazo te haz oído ¿sabes?
-Bueno y aparte de eso... Tom, ¿Ya hablaste con Chantelle?- prosiguió Gustav, que parecía el mas serio del grupo.
-No, ¿Por qué?- se extraño este- ¿Para qué quiere que hable con ella?
-Serás imbécil- Georg le soltó un zape en la nuca, cosa que hizo a Tom fruncir mas el ceño- pues para pedirle que vaya contigo a la fiesta.
-Bueno, pero...- se lo pensó unos segundos-... se supone que cada quien llega por su lado ¿no?
-Cierto- le secundo Georg- tampoco es que vaya a invitarla a una cena con velas y música romántica o algo así- ambos amigos sonrieron mientras el aludido seguía con el ceño fruncido, tocándose la cabeza en sentido de confusión.
-Venga Tom- le animo el rubio de cabello corto- al menos dile que se verán en la fiesta, para que te espere y no se vaya con algún otro mamón por allí.
Aquello iba en serio, y este lo entendió de inmediato.
-Claro que si, ¿acaso me vez con la intención de desaprovechar mi oportunidad?- dijo mientras buscaba con la mirada sobre las cabezas de los montones de personas que estaban repartidas por todas partes a aquella chica de cabello dorado que tanto le traía loco últimamente.
Desde hace un par de meses se la habían presentado, y según sabia, había cortado con el coreback del equipo de futbol, lo que significaba una buena presa para el Casanova de ropas grandes.
En medio de todo el gentío, la identifico a la lejanía, platicando animadamente con un grupo de chicas que rodeaban un hermoso auto convertible que a Tom le encantaría conducir si no fuera porque era de un color rosa pastel de lo mas cursi.
Al parecer, la rubia lo había estado buscando también, porque en cuanto la miro ella le devolvió una sonrisa coqueta. Él imito el gesto y le guiño un ojo, poniendo pose de chulo tan propia de él.
-Anda Tom, pues que aproveche ¿eh?- le llamo el mayor de sus amigos, Georg, que estaba en el tercer grado, dos años mayor que el y uno mas que Gustav- Nosotros ya nos vamos, pero te vemos en la fiesta al rato.
-Si claro- contesto Tom, volviéndose hacia ellos- allá los veo.
-¿Tienes la dirección?- pregunto Gustav- es la casa del chico Andreas ¿no?
-Si, bueno, la tengo en el GPS-contesto encogiéndose de hombros.
-Vale, pues te vemos en un rato- finalizo Georg.
Tom asintió y los mayores se despidieron del chico de trenzas que en cuanto les dejo se dispuso a subir a su auto ultimo modelo. En ese momento, sintió un fino tacto sobre su hombro, un delgado dedo que le llamaba. Se giro y se encontró con la escultural figura de aquella rubia que tanto le hacia babear.
Y sonrió por inercia, casi estúpidamente, como un adolescente enamorado.
-¿Pensabas irte sin saludarme?- alzo una ceja la aludida, posando sus manos en su cintura, haciéndose la molesta.
-Anda, pero que tanto me extrañas...- sonrió retador el chico- pensaba que tu eras la que estaba ocupada con sus amigas.
Chantelle rio ante el comentario un tanto prepotente de Tom. Este había notado que cada vez que reía bajaba la cabeza y entrecerraba los ojos, como si quisiera hacerse la refinada, nunca la había visto carcajearse vivazmente, era como si sobre todas las cosas, guardara siempre la estética y la pose. Eso era algo atractivo en ella, según pensaba él.
-Bueno, pues ya vez que yo al menos vengo a saludarte.
-Parece que no puedes vivir sin mi- alzo una ceja el chico y la miro mordiéndose el labio, conteniendo una risita.
Esta vez, la chica abrió la boca casi desencajándose la mandíbula y le dio un manotazo en el brazo a Tom, lo que significaba que si seguía con esos comentarios se empezaría a molestar de verdad.
-Vale...- siguió él-... Pues ya que estas aquí, quería preguntarte a que hora llegaras a la fiesta de Andreas.
-Oh, la fiesta- respondió la chica como si de verdad la hubiera olvidado- bueno, pensaba llegar como a las 10.
-Vale, ¿Quieres que pase por ti?
-... ¿De verdad?
-Claro que si. Nada me encantaría más que llegar con una belleza como tu- alzo una ceja.
Tal vez no era tanto lo que decía, si no como lo decía, lo que hacia que todas las chicas temblaran por dentro ante su galantería.
Y Chantelle no era la excepción, pero intento ocultarlo, moviéndose ansiosamente sobre sus pies, jugueteando con un mechón de su cabello.
-Bueno, eso me encantaría- confeso con la mirada en el suelo, haciéndose la tímida.
-Bien…- alzo su cabeza posando una mano sobre la barbilla de la rubia, mirándola a los ojos, haciendo que esta prácticamente se derritiera en sus brazos-… Entonces yo paso por ti.
Ella sonrió estúpidamente, olvidando por un momento quien era, olvidando que tenía a media escuela loca por ella, olvidando que podía mover a quien quisiera con un solo chasquido. Tom la ponía así, tal vez porque ambos estaban en condiciones iguales, ya que él tenía a la otra mitad de la escuela loca por él. Sin duda alguna eran la pareja perfecta, lo único que faltaba es que alguno de los dos diera le primer paso. Y eso era justo lo que Tom planeaba hacer esa noche.
-Ok…- volvió en si la chica, soltándose de su agarre- entonces te veré más tarde Tom.
Y dicho esto se dio la media vuelta, moviendo sus contorneadas caderas al ritmo de su caminar, para darse una ultima vuelta varios pasos lejos de él y despedirse moviendo los dedos de su mano, mirándolo sobre su hombro de un modo provocador y sexy.
Tom no tenia duda de que ella era la chica perfecta para él. Solía salir con muchas chicas, nada serio, a lo mucho que había llegado había sido el año pasado con una morena de infarto. Habían salido casi dos meses, pero claro, Tom se aburría fácilmente, así que la dejo sin más. En ese momento, pensaba que tal vez con Chantelle podría llegar a más, a algo realmente serio, tal vez podría enamorarse por primera vez.
~*~
Lejos de aquella universidad, había una casa algo modesta para los barrios altos en donde se encontraba. Realmente, no tenía relativamente mucho desde que la habían comprado. Simone había gastado los ahorros de 15 años para pagarla. Tenía a lo mucho unos 4 años que habían terminado de construirla, pero por supuesto, aun le faltaban muchos arreglos para que se viera tal como Simone la soñaba.
Pero ella confiaba en el tiempo, porque había aprendido que este le regresaba todos los favores, y confiaba en que pronto, con la llegada de Gordon a la familia, su vida estaría nuevamente realizada, y esta vez nada le podría arrebatar la felicidad… Que equivocada estaba.
La mujer estaba terminando de preparar la comida. Aquella tarde Gordon iría a comer con Tom y ella, y en la noche Tom se iría a una fiesta con sus amigos, lo que les daría tiempo a ella y su pareja de disfrutar una bonita noche a solas. En ese momento, el timbre de la entrada sonó, y ella por inercia, se limpio las manos en una toalla que colgaba cerca de la estufa y se dirigió a la puerta para atender la visita.
Tom tenía llave de la casa, y Gordon llegaría mucho mas tarde, así que no se podía tratar de nadie que ella estuviera esperando.
Llego a aquella preciosa puerta de caoba que había comprado a unos importadores hace un tiempo y giro la perilla, abriéndola de par en par y encontrándose para su sorpresa a un desconocido muy extraño. Frunció el ceño mientras lo examinaba fugazmente. Era muy alto y delgado, pero llevaba una capucha algo extravagante y cubría su rostro con su largo cabello negro intenso. Estaba allí parado sin mas, sin mirarle siquiera, como si se hubiera quedado dormido allí parado. Pensó que tal vez era uno de los amigos de Tom, pues parecía tener la misma edad, pero se resolvió en que definitivamente Tom no tenia esa clase de amigos. Ese chico era algo sumamente tétrico.
Simone no le decía nada, se había shockeado un poco, esperando que tal vez reaccionara en algún momento. Pero en vez de eso, hubo algo que hizo girarse hacia su derecha. Había alguien más allí y acababa de caer en la cuenta. En cuanto le vio, sus ojos se salieron de sus orbitas y un suspiro ahogado se escapo de su garganta.
No podía ser posible… No era cierto… No era él… ¡No Dios!... ¡No!
Su respiración se volvió agitada y tuvo por un momento la intención de azotar la puerta y correr hacia el teléfono para llamar a la policía o algo así. Un montón de teorías pasaron por su cabeza, pero su cuerpo no reaccionaba a ninguna orden que ella le mandaba.
David Bowie la miro seriamente, sin inmutarse ni un poco, igual de frio y aterrador que como le había conocido 19 años atrás.
Finalmente, su cuerpo atino a tomar una esquina de la puerta e intentar serrarla lo más rápido que pudo. Pero una mano la detuvo. Simone lo miro sobresaltada. Aquel chico finalmente había dado señales de vida, y la había asustado de sobremanera, dejando su corazón en la palma de su mano.
-¿Acaso esa es tu forma de saludar a los viejos conocidos… Simone?- escucho la voz grave de aquel hombre. Se podía distinguir un matiz casi de diversión en esta.
El hombre rubio se aproximo hacia ella y esta retrocedió por inercia. Fue entonces que noto que afuera de su casa había una bella limosina… La misma que había visto llevárselo hace tanto tiempo.
Sin darse cuenta, le había dejado paso libre al hombre para entrar a su casa ahora se encontraban un par de pasos de las escaleras, ella de espaldas a estas y el de frente a ella, acorralándola simplemente con sus ojos profundos e inexpresivos. Un completo psicópata.
Aquel chico había serrado la puerta de la casa con una delicadeza enorme y ahora se encontraba a un costado de su acompañante, sin apartar ni un momento sus largos cabellos de su cara, haciéndole imposible a la mujer distinguir alguna de sus facciones.
-Y dime Simone… ¿Cómo esta tu hijo?- comenzó a hablar el hombre- ¿Y tu como has estado?- sonrió irónicamente- Escuche que te separaste de Kaulitz y que ahora estas por casarte ¿No es así?... Vaya, tu si que sabes como engatusar a los hombres… Pobre de Kaulitz, seguramente estará en la mierda ahora ¿no crees?
Simone noto como aquel chico, de quien no había podido apartar la vista, sonreía un poco. Pudo ver entonces su boca, únicamente esta, pero eso no le decía nada. Aquel muchacho le daba enorme curiosidad.
-Simone…- suspiro aquel hombre, comenzando a fatigarse de sepa Dios que-... ¿Sabes por que estoy aquí?
La mujer le miro nuevamente a él, con los ojos aun estampados de terror. Algo le decía que no podía ser bueno.
-…- entonces, David acerco su rostro a su oído y susurro casi con inocencia- estoy aquí porque alguien me ha dicho que se te a pasado la lengua con la policía, y les has contado cierto secretito que teníamos entre Kaulitz, tu y yo… ¿Sabes que me molesta mucho la gente que no sabe guardar secretos?
Simone perdió la respiración por unos segundos.
No podía ser cierto… ¿Pero como se había enterado?... Jamás pensó que él pudiera saber que había denunciado el robo de su hijo. Era un cadáver, lo sabia, pero al enseñarle las fotografías a la policía, estos habían comenzado a buscarle por todo el país. Sin embargo, llevaban 3 años desde que Simone dio la denuncia, y no lo habían localizado aun.
¿Cómo es que eran tan incompetentes para permitir que volviera al país y llegara hasta su casa tan fácilmente? Nunca creyó que pudiera terminar en esa situación.
-¿No vas a decir nada Simone?- aparto su rostro de ella y le miro de nuevo, esta vez con una sonrisa estampada en su cara.
Pero esta era sumamente falsa, pues sus ojos no mostraban interés alguno. Como siempre, sus ojos eran inmutables, por lo que le era imposible fingir alguna emoción, pero también le era sumamente fácil ocultarlas todas.
-Bueno… No importa, no vengo platicar contigo- se cruzo de brazos caminando alrededor de la petrificada mujer- en realidad vengo a poner un alto. No me gusta que exista gente que trate de meterse conmigo. No puedo correr ningún riesgo- termino de darle una vuelta, sin quitarle la mirada de encima, y volvió a pasar frente a ella para caminar a uno de sus costados y situarse allí, perdiéndose de su vista- y como te imaginas… Tu ahora eres un riesgo- acerco de nuevo su rostro a su oído, posando sus frías manos sobre sus brazos, inmovilizándola-… uno muy molesto. Así que no me queda otra opción que deshacerme de ti… No te lo tomes personal Simone.
Ella ya no reaccionaba. Miraba hacia la nada, con la respiración entrecortada y el corazón helado… ¿Acababa de decir que se desharía de ella?
(http://www.youtube.com/watch?v=fZkfEEl5Y4Y)
-… ¿Me vas a matar?- susurro con su ultimo aliento. Su cuerpo y su mente no reaccionaban, solamente sentía el frio peso de la culpa sobre ella.
La de cuando permitió que todo esto pasara. Cuando corrió a Jörg de casa, cuando le enterró aquel cuchillo y este desapareció de su vida. Cuando levanto esa demanda, haciéndose la valiente, fingiendo que no tenía miedo, como si de verdad pudiera con eso… Y nunca había involucrado a Jörg porque a pesar de todo, nunca lo había dejado de amar. Si, ahora que lo veía bien, su vida nunca volvería a rehacerse, porque para ello tendría que tenerle a él a su lado. Gordon era un buen hombre, pero sin duda Jörg había sido el amor de su vida…
Ahora estaba allí, jugando a ser la valiente, como si nunca se hubiera imaginado que eso pasaría. Pero en el fondo, siempre intuyo que algo como eso algún día le llegaría. Se preguntaba con toda la calma del mundo, cuanto tiempo tardaría en morir… ¿Seria muy doloroso?
-No Simone- respondió el hombre y esta lo escucho casi a la lejanía- yo no pienso matarte… No me gusta mancharme las manos con la asquerosa sangre ajena.
Se aparto de su lado y camino hacia aquel chico que seguía sin inmutarse, parado frente a ella.
-Por eso le he traído a el…- concluyo posando una mano sobre el hombro del chico que ahora volvía a observar con frustración la mujer- no te sientas mal Simone… Piensa que al menos tus últimos momentos de vida no han sido en vano…
Le dirigió una mirada fría y una sonrisa calculadora. Pero esta no apartaba la mirada del chico, ignorando todo a su alrededor. En algún momento había empezado a llorar silenciosamente, como si su cuerpo expulsara las lagrimas sin ningún estimulo. Su rostro ahora se encontraba empapado y su cuerpo temblaba convulsivamente, pero ella no se inmutaba, y solo le miraba a él, con una curiosidad fascinante.
-Simone… te presento a tu hijo… Bill.
Y fue entonces que el cuerpo de la agotada rubia volvió a la vida, soltando un gemido silencioso, tragando aire torpemente. Y aquel chico levanto finalmente el rostro, y la miro con unos ojos profundos y enigmáticamente rojos. No eran ojos humanos, parecían dos focos incandescentes, como si dijeran que estaba en modo “encendido”.
Madre e hijo se miraron por un largo rato, sin descifrar lo que pasaba por la mente del otro. Ella no pudo evitar sentir un impulso que le gritaba que lo abrazara, porque después de un rato se había dado cuenta de que era la misma cara de su Tom, solo que este chico llevaba los ojos delineados en sombra negra, como si eso le diera un matiz aun mas misterioso.
Era hermoso, el rostro mas bello que había visto en su vida, y aquellos ojos la hipnotizaron, como una polilla que es cegado por la preciosa luz de la linterna… Pero sabía que esas linternas no eran más que su muerte disfrazada de gloria. Era su hijo, su hijo a quien hacia muerto desde hace 19 años, a quien le había llorado noches enteras, a quien tanto amaba aunque no le conociera. Era su hijo y estaba vivo… Pero ¿Cómo?
-Entonces, los dejare solos- hablo finalmente el hombre que los observaba fingiéndose conmovido- no te tardes demasiado- bajo el tono de su voz cuando paso a un lado del chico y este desvió finalmente la mirada para dirigírsela a él y luego asentir con obediencia. Ladeo la cabeza cuando regreso su vista hacia la petrificada mujer, como si tuviera curiosidad en su persona.
Se acerco un par de pasos hasta quedar de frente a ella, quien le seguía mirando a los ojos, hipnotizada, como si se hubiera desprendido de su cuerpo. El no le aterraba, al contrario, tenia tantas ganas de abrazarle y decirle “hijo” y que el la abrazara y que llorara con ella. Quería sentir que acababa de encontrar a su hijo que ella hacia muerto. Pero… ¿Por qué no podía sentirlo?, ¿Por qué sentía que este no era su hijo?
-…Bill- susurro la pobre mujer, en un intento para romper esa barrera y sentir el calor emanar de su cuerpo, el calor de un cariño que ella tanto había guardado por muchísimo tiempo.
Entonces fue que aquel muchacho dirigió su mano hacia ella, y esta frunció el ceño con algo de miedo, pero lo que hizo le sorprendió de sobremanera. Bill llevo su mano hacia la mejilla de la rubia, acariciándola con inocencia, como si quisiera tranquilizarla… Y ella comenzó a llorar esta vez consiente de esto. Bill dirigió su mano hacia su oído y acomodo un mechón de pelo detrás de este, dirigiendo la mirada hacia su costado, casi con fascinación. Luego siguió acariciando su rostro subiendo de a poco hasta tocar su frente, acomodando el cabello de esta también. Simone se creyó aquello, pensando que ese muchacho trataba de calmarla y que pronto le diría algo como “madre… Cuanto te he extrañado” y luego la dejaría escapar. Las esperanzas de una madre ingenua que se creía que el mundo de verdad podía devolverle amor.
Pero en un momento, Bill apretó su palma contra su frente, dejando de acariciarla. Simone frunció el ceño sin moverse. El muchacho sonrió entonces, con una expresión que la pobre mujer no pudo descifrar. Era divertido… El se estaba divirtiendo. Y entonces cayo en la cuenta de que aquellas manos estaban heladas y su tacto le provocaba casi dolor.
-… ¿hijo?
El muchacho le siseo, mirándola a los ojos, llevándose el dedo índice hacia la boca, aun sonriendo. Divertido… Todo eso era muy divertido para él.
-…Sierra los ojos- hablo finalmente con una voz demasiado aguda. Era una voz angelical, delicada y tranquilizante.
Y la mujer serró los ojos, aun llorando vivamente. En ese momento, sintió un pequeño piquete en la cabeza, un pinchazo de dolor que le hizo gemir, pero una descarga mas dolorosa aun le hizo abrir los ojos con miedo. Y le miro una última vez, notando que este la observaba serio, y sus ojos se habían vuelto de un café hermoso, casi color miel… Eran realmente bellos.
Lo eran… Era su hijo, su hermoso hijo y finalmente lo había visto y le había tocado y le había hablado. ¿Se podía pedir mas?...
El pesado cuerpo de la mujer callo redondo al piso, chocando contra el azulejo recién limpiado. Una pequeña gota de sangre salió de su frente, como si se hubiera dado un pinchazo con una aguja. El punto exacto que Bill había tocado. La miro unos segundos, analizándola. Luego se miro la mano, que serraba un pequeño agujero que se había abierto mecánicamente en este, de donde había salido esa pequeña aguja con descarga eléctrica que incrusto en la frente de la mujer.
Rápida, certera, silenciosa… Aquella era una buena forma de matar sin ser descubierto, de no hacer sufrir demasiado a la victima.
El muchacho no la había querido hacer sufrir, aunque sabia que pudo haberlo hecho mas divertido… Pero algo dentro de él no quiso hacerlo. Seria tal vez que aunque se tratara de una maquina acecina, aun tenía una parte humana que le impedía ser tan cruel como debía, o tal vez es que sabia que se trataba de su madre.
Se dio media vuelta ignorando el cuerpo postrado a sus pies y se dispuso a marcharse, caminando con determinación hacia la salida. En su transcurso miraba hacia el frente, inmutable, como una maquina. Pero algo atrajo su mirada en el transcurso, y giro la cabeza hacia su izquierda, contemplando un retrato colgado en la pared. Lo escaneo de forma mecánica, y pudo distinguir a la mujer cuya vida acababa de haber sido robada, con una radiante sonrisa en el rostro, abrazando la espalda de dos hombres. A su derecha estaba un bien parecido señor que pasaba por la edad de ella misma. A su izquierda, estaba un chico de rastas rubias y ropas grandes que sonreía del mismo modo que los demás.
Su rostro llamo especial atención en el muchacho de cabellos oscuros que sintió un pinchazo en el pecho en cuanto le contemplo. Era muy bello, pensó, pero algo en su rostro le hacia desconcierto… Era el mismo rostro de él. Era como si se tratara de la misma persona. Aquello perturbó la agitada mente del muchacho, que prácticamente huyo de aquella casa cuando se dio cuenta de que el ambiente comenzaba ha volverse demasiado pesado para él. No le gustaba permanecer por mucho tiempo cerca de alguien a quien había matado, porque de inmediato sentía la culpa empezar a invadir su cuerpo.
Salió apresuradamente y se dirigió a la limosina. Se subió en la parte del copiloto sin voltear a mirar a nadie. El hombre que estaba frente al volante encendió el auto y arranco, a lejos de aquel lugar. En la parte trasera se encontraba David, con una sonrisa de satisfacción impregnada en el rostro en cuanto vio al chico regresar apresuradamente al auto. Junto a él se encontraba otro hombre de apariencia apagada y nerviosa, encogido de piernas, mirando hacia la nada, con un aspecto descuidado y evidente pobreza.
-No te preocupes Kaulitz…- pronuncio el hombre rubio que se situaba a un lado suyo-… la peor parte ya paso… además, ella ya te había olvidado desde hace mucho. Ya no tiene caso que sufras por ella ¿no?
El hombre giro su mirada hacia él. Era una mirada desquiciada, como de quien ha perdido el juicio desde hace mucho tiempo. Lo observo por unos segundos, dándose cuenta de que este no se molestaba por su insistente mirada. Entonces la desvió y la dirigió hacia el muchacho que tenia enfrente. El parecía ausente, pero en cuanto el hombre se volvió hacia el espejo retrovisor pudo captar los ojos de este sobre él, con evidente recelo. Su expresión era clara, como si le preguntara algo con los ojos… Algo que el pobre hombre había olvidado con los años y el chico no estaba muy dispuesto a escuchar con voz clara de nadie.
“… ¿Eres mi padre…?”
El silencio siguió reinando, y ninguno de los presentes se dispuso a aclarar la verdad, aunque esta ya era mas que clara. El único que disfrutaba de la situación por supuesto era Bowie, saboreando la venganza en su boca.
~*~
El auto del chico fue aparcado en la entrada de aquella casa.
Tom salió de aquel bello Audi y encendió la alarma contra robo. Se dirigía animadamente hacia su hogar. Tomo sus llaves y las llevo hacia la puerta de esta. Metió en la cerradura la llave de la casa y la hizo girar, para después tomar la perilla y abrir completamente la puerta.
Miraba ausente hacia el piso, tanteando por donde caminar, con una media sonrisa en su rostro. Tenía un semblante bastante típico y calmado.
Sin embargo, su rostro cambio de expresión en cuanto noto algo raro. Algo que no tenia que ser, y lo peor era que no tenia el mejor semblante.
-… ¿mamá?- se atrevió a pronunciar de repente, frunciendo el ceño, tratando de asimilar aquella imagen.
Se alejo de la puerta y corrió hasta ella. Estaba tirada en el suelo, al pie de las escaleras. En cuanto la vio pensó que se había desmayado o caído de estas, pero cuando estuvo frente a ella, su corazón dio un vuelco arrebatador y tuvo que cubrirse la boca para no soltar un grito de terror. Noto entonces que yacía tirada con los ojos abiertos y una expresión de miedo. Por supuesto, no parpadeaba ni daba señales de vida.
Tom se inclino y la sostuvo casi bruscamente entre sus brazos. Levanto su cabeza y la pego a su pecho, moviéndola frenéticamente.
-¡Mamá!- hablo con más claridad- ¡Mamá! ¡¡Despierta!!
Comenzó a gritar, tratando de hacerla reaccionar. Era lógico que no lo lograría, y se dio cuenta desde que la vio con los ojos abiertos. Eso solo pasaba cuando se trataba de… De un cadáver.
-¡¡Mamá!!- grito con todas sus fuerzas.
Su rostro se torno de dolor. Se había puesto rojo del esfuerzo y una vena se remarco en su frente. Grito repetidamente su nombre, abrazándola contra el. Grito tantas veces como pudo, hasta que se quedo afónico. En ese momento sus gritos fueron sustituidos por un amargo llanto que comenzó a fluir desde su pecho.
Era como si algo se hubiera quebrado dentro de él. No podía terminar de asimilarlo.
No puede ser cierto… No… ¡¡No!!... ¡No puedes estar muerta!... ¡¡¡NOOOOO!!!
Su llanto era más de miedo que de dolor. No quería mirarla, no quería creer que de verdad tenia a su madre entre sus brazos, no quería creer que su cuerpo ya no tenia vida, no quería creerlo, no quería estar allí. Sintió unas arrebatadoras ganas de salir corriendo de allí, de alejarse, de correr tan rápido que pudiera romper la barrera del tiempo, de correr hacia atrás, para cambiar esa realidad y llegar a casa y mirar a su mamá en la cocina terminando la comida. Quería que fuera un sueño, una pesadilla y quería despertarse en ese instante. Lo intento varias veces, serrando con fuerza sus parpados y luego abriéndolos, pero seguía allí, en el piso con su madre entre sus brazos.
Pensó que así solían ser sus pesadillas de niño, en las que veía a su madre morir y sentía un enorme dolo en el pecho, y se despertaba llorando y gritando para que Simone lo escuchara y fuera a consolarlo, y lo abrazara para que se diera cuenta de que eso no había sido cierto, y que aun tenia a su mamá.
Eso no podía ser cierto, no podía asimilarlo, no podía creerlo. No cavia en su cabeza la idea de que aquella escena fuera cierta.
Siguió llorando, abrazado a aquel cuerpo inerte, gritando repetidas veces el nombre de su madre, con una fuerza sobrehumana, desgarrándose la garganta.
En algún momento, alguien tuvo que escuchar ese aterrador alarido, y de entre todos los vecinos que había por allí, alguno tuvo el valor de correr hacia aquella casa y entrar a ver que ocurría. Tal vez hubiera sido impertinente, pero en cuanto aquel hombre entro se topo con aquella estampa, y sus ojos saltaron de sus orbitas, comprendiendo instantáneamente lo que ocurría. No le dio tiempo a Tom para darse cuenta de su presencia, y enseguida salió de la casa y tomo su móvil, llamando a un número de emergencias, pidiendo una ambulancia.
Dentro, Tom seguía abrazado a su madre, llorando del mismo modo arrebatador, de una forma casi bestial. Los minutos pasaban insaciables, y aquel alarido no saciaba, pero se hizo poco a poco más tenue, hasta convertirse en un llanto ahogado. El muchacho abrazaba a su madre, ahora con el rostro hundido en su cabello, susurrando de manera infantil que abriera los ojos… Que no le dejara solo.
~*~
Horas más tarde, aquella casa estaba rodeada de patrullas y una ambulancia. Los vecinos se amontonaban alrededor de esta, sin acercarse demasiado. El hombre que había llamado a la ambulancia era cuestionado por una reportera. Porque si, enzima de todo había una camioneta de alguna cadena televisiva.
“Esos mamones solamente quieren vender el chisme” pensaba Tom, que se encontraba recargado a la parte trasera de uno de los coches patrulla. Miraba a todos lados con recelo, con los ojos empapados de lágrimas y un pañuelo que nunca uso apretado a su puño. Se cruzaba de brazos y se limitaba a no inmutarse en lo más mínimo, pues sentía que si se movía un centímetro su cuerpo caería redondo al suelo, de lo agotado que se encontraba.
En ese momento llego Gordon, con la respiración entrecortada y una expresión de susto. Miro hacia todos lados, buscando con la mirada a su hijastro. Finalmente lo encontró a lo lejos y se abrió paso entre la muchedumbre, ignorando al oficial que le pedía que se mantuviera alejado.
-¡Tom!- grito el hombre, y el aludido se giro para mirarlo algo de sorpresa.
El hombre se dirigía hacia él, cuando una camilla pasó frente a él. Se quedo petrificado, al observar a aquella mujer dentro de una bolsa blanca, con la piel tan fría como un hielo y los músculos tensos e inmóviles, con los labios morados y los parpados marcados por las venas de estos. Era una imagen espantosa, y para él tan dolorosa como ninguna otra.
Por unos segundos se quedo sin moverse, asimilando lo que acababa de ver, hasta que reacciono y dirigió nuevamente la mirada al hijo de aquella mujer que tanto amaba. Su rostro se había llenado de dolor de repente, en cuanto vio a su madre en aquella camilla, siendo tapada hasta la cabeza, maldiciendo a los cabrones que la llevaban, como si les hiciera mucha gracia serrar la bolsa allí enfrente de sus narices, como si no pudieran hacerlo antes de salir. Se tapo la boca y apretó los ojos, frunciendo el ceño, comenzó a llorar de nuevo, respirando con dificultad.
Gordon corrió hasta el, atrayéndolo a su pecho de forma brusca. Lo más llamativo de Tom era que a pesar de que tenía un aspecto rudo e intimidante, en realidad era muy manso y su cuerpo era muy frágil, e ignorando su estatura, era un indefenso niño consentido, que no estaba preparado para algo como eso.
El hombre lo abrazo con toda la fuerza que fue capaz, casi asfixiándolo. Pero él no protesto y llevo sus manos a la espalda de este, sin poner presión alguna por su parte, y comenzó a llorar de nuevo. Era la primera vez que Gordon le veía de una forma tan indefensa, como un niño confundido, con miedo, aterrado y solo, era la primera vez que le veía llorar, y nunca se hubiera imaginado algo como eso sabiendo que Tom era un chico prepotente y algo machista. Pero en ese momento, sintió el mismo dolor que él, y no pudo evitar derramar algunas lágrimas, mirando hacia el cielo, aguantando aquel dolor. Mas tarde dejaría que este le consumiera en la intimidad de su casa, pues en ese momento tenia que consolarle a él, y seria mala idea echarse a llorar frente a él.
Acaricio el cabello del muchacho con ternura, mientras trataba de ignorar lo que sucedía a su alrededor. En esos momentos, la realidad le parecía demasiado cruel, y sabia que si dejaba que aquello le consumiera, seria demasiado dolor para su cuerpo.
~*~
Al otro dia por la mañana, Tom se dirigia a la universidad en su flamante auto. Se estaciono en un espacio vacio entre tantos coches presuntuosos y sus dueños tan altaneros como adinerados. Bajo de este con una pesades impresionante. Llevaba unas enormes gafas de sol puestas, con la intencion de ocultar sus enrojesidos ojos. Serro la portesuela y se llevo su mochila a un costado, pasando de largo a toda la gente que platicaba animadamente a su alrededor. Se dispuso a entrar a la escuela y tumbarse en su butaca todo el dia, y empezo a caminar ausente del mundo, mirando hacia la nada, sin ningun pensamiento en su cabeza, sin ganas de pensar nada. Sentia que si hacia el intento se volveria loco de un momento a otro; hasta ahora le habia costado mucho mantener la cordura.
A pesar de todo, sus planes fueron frustrados en cuanto vio a dos chicos asercarse con apuro hacia él. Los distinguio de inmediato y bufo de pura fatiga, nadamas imaginarse lo que le dirian le hacia mala ostia.
-¡Tom!- grito el mas grande de sus amigos, con su cabello largo y lasio sobre sus hombros.
Tom ni se inmuto.
Ambos muchachos se pararon frente a él, y fue solo entonces que este se detuvo por inercia, pero no les dirigio ninguna mirada, manteniendo su cabeza firme.
-Hombre ¿Pero que te ha pasado?- pregunto con apuro Georg, mientras lo miraban con extrañesa- ¿Por qué no fuiste anoche a la fiesta?, ¿¡Te volviste loco, o mas idiota!?
-Ni te imaginas Tom- se burlo Gustav, cruzandose de brazos- Anoche el chico Andreas estuvo todo el tiempo con Chantelle, y despues se la llevo a su cuarto a hacer quien sabe que. Eso es perder por una jugada baja.
Georg se rio por la ocurrencia de su amigo, pero se calló en cuanto volvio de nuevo la vista al menor y noto que este no se inmutaba en lo absoluto.
¿Se habria convertido en un zombie?
-Tom... ¿Pero que carajos te paso?- pregunto con nueva insertidubre el chico de cabello largo- ¿Qué tienes ahora...?
-¡¡Tom!!- escucho una voz femenina llamarle a lo lejos y solo entonces alzo la mirada para comprobar que se trataba de aquella rubia.
Bufo nuevamente. No tenía ganas de ver a nadie y mucho menos de escuchar reproches, quería desaparecer en ese mismo instante, que la tierra lo tragara y que nunca tuviera que volver a verle la cara a nadie. Lo único que sabían era pedir explicaciones, sin saber nada de lo que había pasado, y la verdad es que él no tenía muchas ganas de dar explicaciones.
Espero con paciencia que la chica llegara, tal vez reclamándole por no haber llegado a su casa como habían quedado. Probablemente le soltaría una bofetada y le gritaría que era un patán y que no quería saber nada más de él. La idea no le venia muy en gracias, pero no se sentía con las fuerzas necesarias para pedirle perdón y explicarle todo lo ocurrido. La realidad es que no quería hacer recuento de los daños, porque seguramente volvería a soltarse a llorar como un crio delante de media universidad.
Lo que ocurrió cuando Chantelle llego hasta el chico les dejo a los tres anonadados.
-Tom…- hablo con delicadeza la chica- ¿Estas bien?- Se notaba preocupada.
El trenzado volvió a alzar la vista, esta vez con una ceja en alto.
-Yo… si… ¿Por qué preguntas que…?
-Tom, estoy muy apenada por lo que te paso…- empezó a decir la rubia- de verdad que lo siento mucho, debes estar destrozado.
Los amigos del pelinegro se miraron alternamente, y luego le miraron a él, con una enorme interrogante enzima de la cabeza.
-¿Qué es lo que tiene a Tom destrozado?- se atrevió a preguntar el de cabello corto.
-¿Acaso no han visto las noticias?- se dirigió Chantelle a los chicos que seguían sin entender nada.
Tom serró los ojos, maldiciendo a los cabrones de las noticias, recordando que ayer había ido una reportera a su casa en busca de una noticia interesante para cobrarla en cualquiera que fuese su cadena de televisión.
-¿Tom salió en las noticias?- pregunto Georg.
-Claro- afirmo la rubia- ha sido una noticia muy trágica… Todo el mundo sabe lo que ocurrió.
“¡Mierda!” dijo para si el menor. Encima iba a tener que cargar con la atención de toda la escuela. Se planteo seriamente si tendría que regresar a su coche y quedarse allí el resto del día.
-¡Carajo!- musito para si él mayor- parece que “todo el mundo” nos excluyo.
-Bueno…- Chantelle se giro hacia el chico que aun tenía puestas las enormes gafas de sol y contemplaba a los tres presentes discutiendo aquel tema-… solo venia a decirte que estoy aquí para apoyarte… Que cualquier cosa que necesites sabes que cuentas conmigo Tom- aquellas palabras venían vacías pero para el muchacho fueron enormemente bellas.
Chantelle era el tipo de chicas que hacen cosas buenas y se dicen las muy santas para que el mundo entero las ame. Por supuesto su verdadera esencia aflora en las fiestas y rodeada de chicos con uniformes deportivos, pero eso a Tom no le importaba ni en lo mas mínimo. Vivian en un mundo superficial, donde cualquier mierda tenia mas significado que lo que de verdad eran las personas, es por eso que el club de ajedrez y los de matemáticas no eran “cool” en la sociedad, para ese tipo de personas que no sabían ver lo real en los demás y solo buscaban aumentarse el busto y combinar sus labios con sus zapatos.
Tom sonrió por inercia, creyéndose aquellas palabras.
Chantelle pasó una mano por la mejilla del chico y le dirigió una mirada llena de compasión. El muchacho delineo un silencioso “gracias” que solo pudo escuchar la chica, que sonrió al instante y se lanzo a abrazarlo sin ningún pudor.
Después de eso se despidió de los chicos que observaban la escena atónitos y se marcho guiñándole un ojo al menor.
La campana que anunciaba inicio de primera hora resonó en todo el campus, sacando al chico de trenzas de su ensimismamiento.
-¿Nos vas a explicar que fue eso?- le pregunto Gustav que le miraba con algo de gracia.
En ese momento, el muchacho sonrió instantáneamente. La idea no le atraía del todo, pero después de eso tenia que explicarles las cosas, finalmente todo mundo se enteraría pronto, y por lo que dijo Chantelle, probablemente más de la mitad del colegio ya lo sabría.
Pero en ese momento no le apetecía mucho, así que solo los paso de largo y se dirigió hacia los edificios, y detrás de él caminaron los otros dos, aun aturdidos y sin entender nada.
~*~
(http://www.youtube.com/watch?v=o_SChDmSedM&feature=player_embedded)ß ambientalizacion.
Varias horas después, Tom se encontraba conduciendo su coche, ausente de la realidad, con la mirada clavada al frente, como si se hubiera convertido en un fantasma. Iba pensando, recordando.
En la escuela, le había tenido que contar todo a Georg y Gustav, y tuvo que aguantar un silencio incomodo, porque como se imagino, ellos no supieron que contestar ni que decirle. No es que se esperara otra cosa, de echo le había hecho gracia aquella respuesta tan inocente, y lo dejo pasar haciéndose el fuerte. Durante la salida, todo mundo le había visto dirigirse hacia el estacionamiento y marcharse. Y todos se hacían los disimulados y decían cosas en vos baja. Tom tuvo que aguantarse las ganas de romper algunas caras y se limito a marcharse con apuro.
La verdad es que necesitaba que alguien lo consolara, pero era difícil que existiera alguien capaz de consolarle. Excepto claro, su madre…
Camino a casa, le daba cierto vértigo repetir aquella escena. El día anterior se encontraba del mismo modo conduciendo hacia su casa, pensando en la fiesta de Andreas, escuchando uno de sus tantos CD’s de rap que tenia en el cajonero. Y pensar que de un día al otro todo había cambiado tan drásticamente. Y repetir aquella escena le hacia recordarlo todo con lujo de detalles.
Sus ojos estaban aun enrojecidos, y esta vez sus mejillas empapadas en lagrimas. No se podía acostumbrar a la idea, por más que lo intentara, y pensaba que tal vez así seria de ahora en adelante el resto de su vida.
Se preguntaba solo una cosa… ¿Quién habría sido capaz?
Estaba seguro de que si algún día se topaba con aquel tipo, con esa persona que le había quitado lo que mas amaba en el mundo… Si algún día lo tenía enfrente, le aniquilaría con sus propias manos. Le mataría de la forma más cruel y sanguinaria que fuese posible. Su corazón tenía un enorme vacio, y en ese momento solo resolvía a pedir venganza. Quería vengar a su madre, quería que el mundo pagara por su muerte. Quería matar, quería aniquilar la vida de aquel vil ser que no sabia lo que significaba la compasión. Y el no la tendría con él, no tendría ni un poco de compasión. Le mataría como a un cerdo, como a un maldito animal.
Quería muerte, venganza… Eso era lo único que pasaba por su mente.
Venganza, venganza, venganza, venganza, venganza, venganza, venganza, venganza, venganza, venganza, venganza…
La muerte de su madre no se quedaría así… No lo permitiría.
Apretó con una fuerza casi inhumana el volante de su coche, reteniendo un llanto amargo que luchaba por salir. No quería seguir siendo débil… No quería seguir siendo ese niño estúpido y consentido que aunque le costara aceptarlo, era.
Quería que las cosas cambiaran, quería cambiar.
Se dispuso a hacerlo, para no tener que llorar nunca más. En vez de eso tomaría las situaciones por las riendas.
Se acabo el Tom manso, el idiota, el bondadoso… Aquella persona que habia matado a su madre (quien quiera que fuera) lo había matado a él, habia matado ese Tom… Se repitió a si mismo que a partir de ahora, solo tendría una cosa en mente...
"Venganza..."